“Si vivimos por
el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Gálatas 5:25 (Leer Romanos
6:1-14)
Mi vecino Tim tiene en el panel de su auto una estatuilla
de un «monstruo» basada en el preciado libro para niños de Maurice Sendak,
Donde viven los monstruos.
Hace poco, Tim iba detrás de mí entre el tráfico e hizo
unas maniobras abruptas para mantenerse cerca. Cuando llegamos, le pregunté:
«¿Así conducen los “monstruos”?».
El domingo siguiente, olvidé las notas de mi sermón en
casa. Entonces, «salí volando» de la iglesia para ir a buscarlas, y pasé por al
lado de Tim. Más tarde, cuando nos encontramos, dijo en chiste: «¿Así conducen
los monstruos?». Nos reímos, pero el comentario me sacudió… tendría que haber
prestado atención al límite de velocidad.
Cuando la
Biblia describe qué significa vivir en relación con Dios, nos alienta a
presentar nuestros miembros a Dios
(Romanos 6:13). Aquel día, tomé el comentario de Tim como un amable
recordatorio de Dios a levantar «el pie del acelerador», porque por amor, me
debo todo al Señor.
La pregunta de «¿quién es el monstruo?» se aplica a toda
la vida. ¿Dejamos que cosas de la vieja naturaleza nos controlen o permitimos
que el Espíritu de Dios y su gracia nos ayuden a crecer?
Es mejor ir adonde el Señor nos guíe. La Escritura dice
que la sabiduría de Dios nos conduce por «caminos deleitosos, y todas sus
veredas [de] paz» (Proverbios 3:17).
Señor, ayúdame a obedecerte.
Lo que Dios requiere, Él también lo genera.
(La Biblia en
un año: Jeremías 51–52 — Hebreos 9)
JAMES BANKS -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


