“Jesús le dijo: «Primero deja que los
hijos queden satisfechos, porque no está bien quitarles a los hijos su pan y
echárselo a los perritos.» La mujer le respondió: «Es verdad, Señor. Pero hasta
los perritos comen debajo de la mesa las migajas que dejan caer los hijos.»
Entonces Jesús le dijo: «Por esto que has dicho, puedes irte tranquila; el
demonio ya ha salido de tu hija.” Marcos 7:27-29
Cuando el
Pastor Thomas se hizo cargo en forma interina de una iglesia presbiteriana en
Los Ángeles y vio que sólo unas pocas personas, todas con cabello blanco,
asistían a la iglesia, decidió tratar de cambiar la situación, convirtiendo la
casa de Dios en una casa de mascotas.
¿De qué se
trataba? Tendrían servicios de 30 minutos con butacas individuales para
mascotas, oraciones por las mascotas, y a la salida repartirían galletas para
las mascotas. Parece ser que este Pastor no es más que parte de un movimiento
que apoya la evangelización de las mascotas.
La iglesia para
mascotas agrega toda una nueva y muy extraña dimensión a la religión. No tengo
problemas si los seguidores de San Francisco de Asís quieren bendecir a los
animales o hablar con ellos. Pero me preocupa que este Pastor diga que
"cuando amamos a un perro y este nos ama a nosotros, eso es parte de Dios
y Dios es parte de eso", pues eso no está en la Biblia.
Me preocupa
cuando una profesora de religión en la Universidad de Georgetown, Texas, dice:
"Más y más cristianos están convencidos que las mascotas tienen
alma."
Me preocupa
porque la idea de que un perro o un gato tengan alma, no está en la Biblia. Es
más, tal creencia es contraria a Génesis 2:7, donde dice que el hombre es único
debido a que Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz
hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente.
Tanto al pastor
como a esa profesora les diría: "no pueden cambiar lo que dice la Biblia
sólo porque aman a sus mascotas".
Dios envió a su
Hijo a salvar a la humanidad pecadora de la condenación terrenal y eterna.
Jesús vivió, sufrió, murió y resucitó para que pudiéramos ser perdonados,
limpiados, reconciliados y redimidos. Y si bien amo a las mascotas, es
demasiado pedir que Dios enviara a su Hijo para sufrir y dar su vida por ellas.
ORACIÓN. Padre celestial, te doy gracias por
"todas las cosas brillantes y bellas, todas las criaturas grandes y
pequeñas, todas las cosas sabias y maravillosas, el Señor las hizo todas."
Por las maravillas de este mundo, incluyendo a las mascotas, estoy agradecido,
pero más que todo, te estoy eternamente agradecido por haber enviado a tu Hijo
a salvarme. En su nombre. Amén.
CRISTO PARA TODAS LAS N. - (DEV. “ALIMENTO DIARIO”)


