“Como reconoce
su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así
reconoceré mis ovejas…” Ezequiel 34:12 (Leer
Ezequiel 34:7-16)
Mi amigo Chad pasó un año trabajando de pastor de ovejas
en Wyoming. «Las ovejas son tan tontas que solo comen lo que tienen frente a ellas
—me dijo—. Aunque se hayan comido toda la hierba que está adelante, no se dan
vuelta para buscar una parte verde… ¡y empiezan a comer tierra!».
Nos reímos, y no pude evitar pensar en la frecuencia con
que la Biblia compara a los seres humanos con ovejas. ¡Con razón necesitamos un
pastor! Pero como las ovejas son tan tontas, no sirve cualquier pastor, ya que
precisan a alguien que se interese por ellas. El profeta Ezequiel comparó al
pueblo de Dios, exiliado en Babilonia, a ovejas guiadas por pastores malos. Los líderes de Israel, en vez de cuidar al
rebaño, lo habían explotado, beneficiándose de él (v. 3); y luego,
dejándolo expuesto a que los animales salvajes lo devoraran (v. 5).
Pero aún había esperanzas. Dios, el buen Pastor, prometió
rescatarlos, regresarlos a casa, ponerlos en pasturas abundantes y darles
descanso. Sanaría a los heridos y buscaría a los perdidos (vv. 11-16), y
echaría a los animales para que su rebaño estuviera seguro (v. 14).
Los miembros del rebaño de Dios necesitan cuidado y guía.
¡Qué bendición tener un Pastor que siempre nos lleva a pastos verdes! (v. 14).
Dios, gracias por tu cuidado y provisión, aunque no lo
perciba.
¿Estoy escuchando la voz de mi Pastor?
(La Biblia en
un año: Lamentaciones 1–2 — Hebreos 10:1-18)
ALP - (DEVOCIONAL “NUESTRO
PAN DIARIO”)


