“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre
vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros
miembros?” Santiago 4:1
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para
con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Romanos 5:1
(Leer Deut. 32:29-52 – Heb. 1 – Salmo 119:161-168
– Prov. 27:7-8)
Este es el
título de una obra teatral, escrita en la víspera de la segunda guerra mundial
(1939-1945). En esta obra, Héctor y Ulises tratan de obtener la paz a toda
costa; y parece que lo logran después de largas negociaciones. Pero un gesto
inoportuno desencadena la catástrofe, y Héctor, afligido por ello, exclama:
«Habrá guerra de Troya».
Para este
escritor, la guerra es una fatalidad y no depende de la voluntad de los
hombres. Es como si cayese sobre ellos, algo así como una obligación exterior.
Pero si abrimos la Biblia, descubrimos que la
fuente de la violencia entre los hombres no es algo externo, ¡sino que está en
ellos! “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios,
las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios” (Mateo 15:19). ¡Deseamos
que no haya más guerras en el planeta, y es un buen deseo! Pero en nuestras
vidas, ¿buscamos evitar peleas, amargura y discordia? ¿Estamos en paz con Dios?
Ese camino que
todos podemos hallar para experimentar la paz, es el de la fe en el Señor
Jesús, el Príncipe de paz. Vayamos a él mediante la fe; él nos dará un corazón
nuevo y, por su Espíritu, nos liberará del espíritu de violencia. Entonces
descubriremos una paz nueva, la paz profunda de aquel que sabe que está
reconciliado con Dios y que por ello también tiene la fuerza para reconciliarse
con su prójimo.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


