“Oh Señor... De mañana sácianos de tu misericordia,
y canta-remos y nos alegraremos todos nuestros días.” Salmo 90:13-14
(Leer Josué 1 – Hebreos 4 – Salmo 121 – Proverbios 27:13-14)
Estaba
lloviendo y había niebla. Un compañero de trabajo, huraño, entró en la oficina
y sin saludar a nadie se sentó frente a su computador. Era lunes, y la rutina
volvía a empezar. –¡Siempre la misma monotonía! ¡Qué aburrida es la vida!,
murmuró en su esquina.
En el descanso
le pregunté: –¿Cómo te fue el fin de semana? Entonces sus ojos se iluminaron.
Contó lo que había hecho y habló de sus proyectos para el próximo sábado. Solo
vive para dos días por semana.
¿Es eso una
vida realizada y plena? No, más bien es una vida para el instante que pasa,
para las alegrías fugaces. Necesitamos
algo que nos dé una felicidad verdadera y duradera. Y esto es lo que Jesucristo
nos ofrece: “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás”
(Juan 4:14). Él desea darnos una nueva vida, una satisfacción verdadera y un
futuro más allá de la muerte. Aún hoy, todo aquel que va a Jesús y deposita su
confianza en él como su Salvador, recibe este regalo maravilloso.
Nosotros, que
ya conocemos a Jesús como nuestro Salvador y Señor, ¿cómo nos comportamos el
domingo, el lunes por la mañana, cada día de la semana en el trabajo? Qué
mensaje transmitimos mediante nuestro comportamiento: ¿la alegría o la
tristeza? El apóstol Pablo nos dice: “Todo lo que hacéis, sea de palabra o de
hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre
por medio de él” (Colosenses 3:17). ¡Y también el lunes por la mañana!
“Los que
esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas;
correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


