“La paga del pecado es muerte, mas la
dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 6:23
“Ahora, pues, ninguna condenación hay
para los que están en Cristo Jesús.” Romanos 8:1
(Leer Josué 10:1-21 – Hebreos 10:19-39
– Salmo 130 – Prov 28:7-8)
Los diez
mandamientos tienen algo impresionante, majestuoso. Pero, ¿qué aplicación
podemos hacer en nuestra vida personal? Cada uno de ellos nos interpela,
alcanza nuestra conciencia, sondea nuestro corazón. “Los juicios del Señor son
verdad, todos justos” (Salmo 19:9). Nos muestran lo que somos en lo más
profundo de nosotros mismos. Dios examina nuestro estado interior. “Todas las
cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar
cuenta” (Hebreos 4:13).
Ante esta
constatación, Dios no nos disculpa. Al contrario, afirma que no considera
inocente al culpable, y que “la paga del pecado es muerte”. ¡El juicio debe ser ejecutado! ¿Qué hacer entonces? Abandonados a
nosotros mismos, no tenemos solución para ser salvos.
Pero la Biblia
nos dice que Dios intervino con bondad para hacer lo que nosotros éramos
incapaces de hacer. Somos juzgados por la Ley y declarados culpables, pero Dios
envió a su Hijo Jesús, quien respondió perfectamente a las exigencias de la
Ley. Y mucho más aún, pues como único substituto murió en nuestro lugar para
llevar el castigo que nosotros merecíamos. El creyente ya no está bajo la
condenación de Dios, mas está revestido de la justicia divina. Dios ya no nos
pide que obtengamos la justicia mediante nuestras obras. Gracias a la obra perfecta
de Cristo recibimos la vida eterna, y Dios nos hace capaces de amarlo y de
amarnos unos a otros como Cristo nos amó: “El cumplimiento de la ley es el
amor” (Romanos 13:8-10; Juan 13:34).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


