“Jesús... le vio, y le dijo:... Hoy es
necesario que pose yo en tu casa.” Lucas 19:5
“(Jesús) entró donde estaba la niña. Y
tomando la mano de la niña, le dijo: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la
niña se levantó y andaba... Y se espantaron grandemente.” Marcos 5:40-42
(Leer Josué 10:22-43 – Hebreos 11:1-22
– Salmo 131 – Pro 28:9-10)
2 Reyes 4:8-37
En tiempos del
profeta Eliseo, una mujer rica había reconocido en este profeta a un “varón de
Dios” y lo había hospedado en su casa. Incluso había pedido a su marido que
preparase una habitación especialmente para él. Pero esta mujer no tenía hijos,
y Eliseo, viendo su tristeza, le había prometido que tendría un hijo.
El niño nació y
creció. Pero una mañana se quejó de dolor de cabeza. Y al mediodía murió en el
regazo de su madre. ¿Qué haría ella? ¿Llorar y enterrar al niño? ¡No!
Lo acostó en la
cama del profeta y fue a buscar a la única persona que podía ayudarla: Eliseo,
el varón de Dios. Era como si dijese: «Si nos diste este niño, no puedes
dejarlo morir ahora; tienes que ocuparte de él». E insistió para que el profeta fuese inmediatamente a su casa.
Eliseo envió primero a su siervo, pero este fue incapaz de devolver la vida al
niño. Cuando Eliseo llegó, el niño muerto estaba tendido en su cama. Entonces
el profeta rogó a Dios por él, y devolvió el niño vivo a su madre.
Madres
cristianas, el Señor les ha dado hijos. Su deseo es que ellos tengan la vida
eterna, que no se pierdan. Pero ustedes no pueden dársela, solo el Señor puede
hacerlo. Pidan al Señor Jesús, representado por Eliseo en este relato, que
venga a su casa. ¡Es necesario que tenga una morada en su hogar!
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


