“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse
hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de
Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores
riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios.” Hebreos
11:24-26
(Leer Josué 4 – Hebreos 7:1-17 – Salmo 124 – Proverbios 27:19-20)
Cuando Moisés
todavía estaba con sus padres, estos lo educaron conforme a su fe. Luego, desde
muy joven, tuvo que ir a vivir en la corte del Faraón. ¿Olvidaría las
convicciones y las enseñanzas de sus padres?
La fe no se
hereda. Incluso si un joven tiene padres cristianos, debe arrepentirse
personalmente, ir al Señor y tomar la decisión de la fe. Tendrá que tomar
decisiones que comprometan toda su vida, y las tomará por la fe, es decir, con
el profundo deseo de comprender y seguir el camino que Dios le trazó.
Cuando llegó a
la edad adulta, Moisés tomó una posición clara y sin compromisos en favor del
pueblo de Dios. Era consciente de que
renunciaba a una vida lujosa, de riquezas y de poder en la corte del rey.
Pero escogió “ser maltratado con el pueblo de Dios”, prefirió “el vituperio de
Cristo”. Solo por la fe pudo estimar el verdadero valor de lo que escogió, pues
humanamente hablando era un gran sacrificio renunciar a la corte del Faraón.
Su fe le mostró
que “los deleites” del pecado en la corte del rey serían “temporales”. Por lo
tanto no se dejó deslumbrar por “los tesoros de los egipcios”. Una vida de
comunión con Dios y con su pueblo tenía mucho más valor para él; la consideraba
como las “mayores riquezas”.
¿Qué valor
tiene para nosotros la aprobación de Dios en nuestra vida?
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


