“Echando toda vuestra ansiedad sobre él,
porque él tiene cuidado de vosotros.” 1ª Pedro 5:7
(Leer Josué 15 – Colosenses 1:1-14 – Salmo 134 – Prov 28:19-20)
«¡Qué vida!»,
se oye decir a menudo. ¡Hay tantos sufrimientos, injusticias, inmoralidad,
dificultades de todo tipo, y todo esto para acabar inevitablemente en la
muerte! Comprendemos a los que hablan así, pues están llenos de incertidumbres
respecto al presente y no tienen ninguna esperanza para el más allá. ¿Forma
usted parte de los que piensan que la vida es una carga demasiado pesada?
Sin embargo,
hay alguien que puede comprenderle porque estuvo en la tierra y vivió como
hombre entre los hombres. ¡Es Jesús!
Él vive y se
interesa en usted personalmente.
Él también
lloró, y puede consolarle.
Él, quien fue
odiado por todos, desea demostrarle que le ama.
Él, quien fue
abandonado por todos, nunca lo abandonará. “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las
conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie
las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28).
Él, el justo,
quien fue condenado, le ofrece el perdón de Dios. “Cristo padeció una sola vez
por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la
verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 Pedro 3:18).
Él, quien fue
rechazado, nunca lo rechazará. “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan
6:37). Él, quien fue clavado en una cruz, quiere darle la vida eterna.
¿Qué se
necesita para tener un amigo así? Acudir a él con sus preocupaciones y sus
penas, con toda la carga que pesa sobre sus espaldas. Este peso tal vez sea
desconocido por los demás, pero no por él. Jesús está dispuesto a recibirle; no
será superado por ninguno de sus problemas.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


