“Porque para mí
el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Filipenses 1:21 (Leer Filipenses
1:19-26)
El Dr. William Wallace servía como misionero y cirujano
en Wuzhou, en China, en la década de 1940, cuando Japón atacó ese país. En ese
momento, Wallace estaba a cargo del Hospital Stout Memorial, y ordenó que se
cargara todo su equipamiento en barcazas para que el hospital siguiera
funcionando mientras flotaba por los ríos, para evitar los ataques de la
infantería.
En momentos peligrosos, Filipenses 1:21 —unos de los
versículos favoritos de Wallace— le recordaba que si vivía, tenía una tarea
para hacer por el Señor, pero que si moría, tenía la promesa de la eternidad
con Cristo, lo cual cobró un significado especial cuando murió en 1951, tras
ser encarcelado injustamente.
Las palabras de
Pablo reflejan una profunda devoción a la que deberíamos aspirar como
seguidores de Cristo, y que nos capacita
para enfrentar pruebas y peligros por su causa. Tal devoción es el resultado de
la obra del Espíritu y de las oraciones de nuestros allegados (v. 19). Y es
también una promesa que se cumple cuando nos entregamos al servicio bajo
circunstancias difíciles: cuando nuestra vida y obra terminen aquí, nos espera
el gozo de la eternidad con Jesús.
Que nuestros días y obras bendigan a otros con el amor de
Dios mientras caminamos consagrados a Él y con la mirada fija en su promesa
eterna.
Señor, hazme un siervo fiel.
Los sacrificios que se ofrecen a Dios son oportunidades
de mostrar su amor.
(La Biblia en
un año: Jeremías 50 — Hebreos 8)
RANDY KILGORE -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO”)


