“Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo,
el Señor me recogerá.” Salmo 27:10
“El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda
hacer el hombre.” Hebreos 13:6
(Leer Josué 5 – Hebreos 7:18-28 – Salmo 125 – Prov.
27:21-22)
«Desde mi más
tierna infancia, mi vida estuvo marcada por las decepciones. Como mis padres no
me amaban, quise encontrar el amor en el mundo. Busqué la felicidad en la
música y en las drogas. Trabajaba en el municipio, y a primera vista todo
estaba en orden. Sin embargo, interiormente vivía un infierno: me había vuelto
esclava de la heroína. Un día fui detenida y encarcelada en Múnich, Alemania.
Los médicos pensaban que no sobreviviría; el exceso de drogas me estaba
destruyendo y tenía una ictericia*
preocupante. Sin embargo, Dios me salvó de la muerte. Después de una terrible
semana sobreviví a la desintoxicación física, pero continué viviendo como
antes. Hasta que encontré una Biblia y la puse en un rincón del armario de mi
celda, pues estaba decidida a no leerla.
Pero
curiosamente ese libro guardado en mi armario no me dejó tranquila. Al final lo tomé, lo abrí, y lo que leí me
conmovió. Está escrito que Dios es el Señor, el Rey. Él es el Señor, fuerte
y poderoso, poderoso en el combate. También dice que es mi ayuda y que no debo
tener miedo (Salmos 25 y 118).
Cuando leí
estas palabras, lloré, pues toda mi vida había luchado tratando de encontrar
atención y amor. Luego oré: «Dios, si realmente quieres luchar por mí, entonces
quiero ir a ti». Eso sucedió en agosto del año 1986. Desde entonces aprendí a
conocer mejor a Dios, y él me liberó. Le estoy agradecida desde lo más profundo
del corazón». Sylvia
* Ictericia:
coloración amarilla de la piel debida a una fuerte contaminación del hígado.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


