“Fuisteis rescatados... con la sangre
preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.” 1ª
Pedro 1:18-19
“Cristo padeció una sola vez por los
pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.” 1ª Pedro 3:18
(Leer Josué 16-17 –
Colosenses 1:15-29 – Salmo 135:1-7 – Proverbios 28:21-22)
Un estudio
sobre los tratamientos encaminados a suprimir el dolor afirma que una de las
reticencias de los enfermos a aceptar esos tratamientos es la idea de que el
dolor es «meritorio». ¿La religión cristiana es responsable de esta forma de
pensar? Algunos creen que sí.
¡Pero no,
nuestros sufrimientos no son meritorios! Por intensos que sean, incluso
soportados con paciencia y sumisión, no pueden expiar ninguno de nuestros
pecados. Solo los sufrimientos que Jesús soportó en la cruz durante las tres
horas tenebrosas pueden borrar los pecados. ¡En ese momento pagó el precio por
nuestro rescate! Allí sufrió la ira y el abandono por parte de Dios, que
nosotros tendríamos que soportar eternamente.
Durante su vida en la tierra, Jesús sufrió y fue
tratado injustamente. Su manera de soportar todo puso en evidencia su
perfección moral. A la hora del sacrificio demostró que él era verdaderamente
el Cordero sin mancha y sin contaminación cuya sangre derramada iba a rescatar
a todos los que confiaran en él (1ª Pedro 1:18-19).
Nuestros
sufrimientos, tristezas y abnegación no tienen nada en común con los
sufrimientos expiatorios de Cristo, los cuales soportó por parte de Dios para
borrar nuestros pecados. Solo el sacrificio de Cristo borra los pecados de
todos los que depositaron su confianza en él. Pero el confiar en Dios en medio
del sufrimiento tiene su recompensa cuando experimentamos serenamente su
socorro.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


