“Así dijo el Señor:... ¿Por qué cuando vine, no
hallé a nadie, y cuando llamé, nadie respondió?... ¿No hay en mí poder para
librar?” Isaías 50:1-2
(Leer Josué 2 – Hebreos 5 – Salmo 122 – Proverbios 27:15-16)
Muchas ideas
enraizadas en nuestras mentes nos impiden conocer a Dios. Por ejemplo, pensamos
que Dios es un Dios exigente o que pide lo imposible. ¡Pero es totalmente
diferente! Si Dios nuestro Creador se acerca a nosotros, es en calidad de
Donante.
Cuando
Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a vivir como un hombre en la tierra, dijo de
sí mismo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y
para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45).
Jesús vino a
vivir entre los hombres para librarnos de nuestra miseria. Desea dar la paz a
nuestra conciencia cargada con nuestros pecados. Él los llevó en nuestro lugar
en la cruz. Ahora llama a nuestra puerta y nos ofrece su perdón y la vida
eterna. No abrir equivale a rechazar ese don de la gracia de Dios.
“Dios muestra
su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros” (Romanos 5:8).
Tal como soy,
sin más decir,
que a otro yo
no puedo ir,
y tú me invitas
a venir.
Bendito Cristo,
heme aquí.
Tal como soy,
sin demorar;
del mal
queriéndome librar.
Tú solo puedes
perdonar.
Bendito Cristo,
heme aquí.
Tal como soy,
tu gran amor
me vence y
busco tu favor;
servirte quiero
con valor.
Bendito Cristo,
heme aquí.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


