DELEITÁNDONOS EN LA PRESENCIA DE DIOS
“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” Salmo 16:11
Esta escritura ha
sido una bendición tan tremenda para mí y una maravillosa promesa y realidad
del Señor. Nosotros no necesitamos las cosas de este mundo para ser feliz, ni
los placeres e intereses de esta vida, en seguir las cosas de las cuales el
mundo disfruta. La verdadera 'senda de
la vida' se encuentra en seguir al Señor, y seguir al Señor significa vivir
separado de los placeres del mundo y su sistema y ser consagrados a Él. ¡En la presencia de Dios no sólo hay gozo,
sino plenitud de gozo! ¡Y nosotros no
necesitamos disfrutar de nada sino lo que le glorifica y avanza Sus propósitos,
porque cuando andamos en una vida sin compromiso y en Su perfecta voluntad,
buscando Su rostro, permaneciendo en Su bendita presencia, encontraremos los
verdaderos deleites para siempre y santa y divina satisfacción en El!
Recuerdo antes de que
mi esposa y yo fuéramos casados. Fue
inmediatamente después de que fuera despedido de mi trabajo cortando
céspedes. Vivía en un sótano
oscuro. La mayoría de los días fui
limitado al sótano por la mayor parte del día. Ella me preguntó: "¿Nunca te aburres?" Y dije: "¿Aburrirme? ¡De ninguna manera! ¡Los cristianos nunca deben aburrirse! ¡Hay gozo y placer y satisfacción en la presencia de
Dios!" ¡Y es verdad! Pasaba los días estudiando y orando, y tenía
tiempos tan bendecidos en comunión con Dios que ni siquiera quería salir a
visitar a hermanos y amigos, sólo quería orar continuamente y acercarme al
Señor. A veces la presencia de Dios caía
tan densamente que estaba totalmente embelesado en éxtasis celestial, ¡gloria a
Dios! Había una plenitud sobrenatural de
gozo y satisfacción divina en El; aún mientras me postraba sobre mi rostro
solo adorándole, había satisfacción perfecta, paz y alegría en Su
presencia. No hay ningún placer pasajero en este mundo que viene aun cerca de
comparar con esa nube de gloria de Su presencia. Y a través de eso, el Señor me enseñó la
bendita virtud de la satisfacción, de ser completamente satisfecho siempre en
El, en Su gracia, en la multitud de Sus misericordias tiernas.
Esto es lo que Pablo
quería decir cuando dijo: "Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece". No estaba diciendo que
podía levantar mil libras, o correr un maratón Olímpico y ganar, o nada de
eso. Sé que hay boxeadores profesionales
que dicen esto antes de una lucha y tratan de torcer la promesa de Dios para
que signifique que ellos pueden romper las cabezas de sus adversarios - ¡eso es
una tontería (y anti cristiano)!- En el
contexto, Pablo hablaba de estar contento en cada situación, aún si sus
circunstancias físicas eran menos que deseables. El supo cómo estar contento
teniendo mucho o teniendo poco. ¡Aún si
estaba en la cárcel, Pablo tenía la presencia del Señor con él, se ponía a orar
y cantar himnos deleitándose en el Señor hasta que las paredes cayeran, aún en
las circunstancias más desafortunadas! Tristemente, la mayoría de los cristianos no experimentan la bendición
de caminar con Dios de tal manera porque ellos viven una vida manchada con lo
que es impuro, entristeciendo el Espíritu de Dios hasta que él no permanezca
con ellos en ningún tipo de plenitud.
La santidad es un
cosa bendita, y cuando caminemos en la santidad verdadera (no la falsificación
de Satanás del legalismo), disfrutaremos de Dios, Dios se deleitará en
nosotros, y andaremos continuamente en Su presencia. El legalismo trae la esclavitud, condenación
y miseria, pero la santidad trae vida, paz, y plenitud de gozo, porque es sólo
una vida de santidad que Dios honra con Su presencia continua. La santidad ha llegado a ser mal entendida
en nuestros tiempos modernos y ha llegado a ser una palabra casi temida. Habla de santidad y las personas
gritarán: "¡Dios no quiere que seamos ermitaños! ¡Dios desea que nos divirtamos!" Sin embargo, si verdaderamente caminamos en
santidad (la separación de lo que es profano e impuro, y la consagración a lo
que glorifica y honra a Dios) no disfrutaremos de las cosas que no glorifican
ni traen honor a Dios. De hecho, las
cosas que no glorifican a Dios serán despreciadas en el corazón de los que
andan en una santidad sin compromiso, ya que ellos no querrán tener nada que
ver con algo que entristece el Espíritu. "Y
no contristéis al Espíritu Santo de Dios" (Efesios 4:30).
Las criaturas vivas alrededor del trono nunca dejan el lado de Dios; ellos siempre dicen las mismas cosas por toda la eternidad, "Santo, Santo, Santo, es el Señor Todopoderoso", y ellos no se aburren ni se frustran, tienen la plenitud de gozo divino vía la virtud del Trono (ver Eze. 1:5, Apoc. 4:6-8). Si verdaderamente permanecemos bajo la sombra del Omnipotente, viviendo en Su presencia todos los días, estaremos contentos continuamente, completamente satisfechos en El. Nosotros no necesitaremos las cosas sensuales ni carnales para traernos gozo, "porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rom. 14:17). Si realmente vivimos la vida del Reino y andamos con una mente renovada del reino, nosotros no necesitaremos recurrir a perversos programas de televisión para buscar la satisfacción en las cosas de este mundo (que en principio están opuestas radicalmente a todo del Reino de Dios); nosotros no necesitaremos buscar placeres y diversiones insignificantes para ser contentos. Como un hombre de Dios dijo una vez: "La diversión es el sustituto del Diablo para el gozo".
Las criaturas vivas alrededor del trono nunca dejan el lado de Dios; ellos siempre dicen las mismas cosas por toda la eternidad, "Santo, Santo, Santo, es el Señor Todopoderoso", y ellos no se aburren ni se frustran, tienen la plenitud de gozo divino vía la virtud del Trono (ver Eze. 1:5, Apoc. 4:6-8). Si verdaderamente permanecemos bajo la sombra del Omnipotente, viviendo en Su presencia todos los días, estaremos contentos continuamente, completamente satisfechos en El. Nosotros no necesitaremos las cosas sensuales ni carnales para traernos gozo, "porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rom. 14:17). Si realmente vivimos la vida del Reino y andamos con una mente renovada del reino, nosotros no necesitaremos recurrir a perversos programas de televisión para buscar la satisfacción en las cosas de este mundo (que en principio están opuestas radicalmente a todo del Reino de Dios); nosotros no necesitaremos buscar placeres y diversiones insignificantes para ser contentos. Como un hombre de Dios dijo una vez: "La diversión es el sustituto del Diablo para el gozo".
¿Por qué muchos de
los que profesan ser cristianos no toman supremo placer en Dios? ¿Por qué no encuentran ellos gozo en Su
presencia? Últimamente, porque la mayoría de ellos son falsos conversos que
todavía aman el mundo en sus corazones (si amamos el mundo o las cosas del
mundo entonces el amor del Padre no está en nosotros - 1ª Juan 2:15). Pero otra razón es porque tantos cristianos
andan en gran parte en la carne y no en
el Espíritu. Esta es la razón porque
ellos apenas pueden orar más de diez minutos a la vez. Esta es la razón porque ellos no se deleitan
en estudiar profundamente la Palabra de Dios. Esta es la razón porque ellos nunca pasan tiempo en la soledad meditando
en y deleitándose en las cosas de Dios o adorando al Padre. La carne dicta sus acciones y placeres. La carne odia ser crucificada, odia pasar
tiempo serio en oración buscando a Dios, odia la disciplina de estudiar
diligentemente un antiguo Libro, odia todo espiritual. Y porque tantos cristianos todavía tienen una
gran parte de la "carne" viva en ellos, es una gran lucha para ellos
verdaderamente acercarse y buscar el rostro de Dios, es una lucha para ellos
realmente disfrutar las cosas del Espíritu.
Pero cuando la carne está crucificada y el hombre interior, avivado por el Espíritu de Dios, está vivo y bien, y dirigiendo y dando poder al creyente, llega a ser una delicia verdadera acercarnos a el por medio de la oración, llega a ser una delicia encontrar el alimento esencial en las profundas verdades de la Palabra de Dios, llega a ser un clamor del corazón experimentar la presencia de Dios como una realidad diaria. Por eso es que entre más ores más vas a querer orar. Entre más estudies más querrás estudiar. Cuándo el hombre-espíritu es fortalecido, comienza a dictar los deseos del corazón, y comienzas a disfrutar de las cosas de Dios. Cuando disfrutas de Dios, y solo en El, El comienza a manifestar más y más de Su presencia en tu vida, y es sólo en Su presencia que la plenitud de gozo es hallada.
Pero cuando la carne está crucificada y el hombre interior, avivado por el Espíritu de Dios, está vivo y bien, y dirigiendo y dando poder al creyente, llega a ser una delicia verdadera acercarnos a el por medio de la oración, llega a ser una delicia encontrar el alimento esencial en las profundas verdades de la Palabra de Dios, llega a ser un clamor del corazón experimentar la presencia de Dios como una realidad diaria. Por eso es que entre más ores más vas a querer orar. Entre más estudies más querrás estudiar. Cuándo el hombre-espíritu es fortalecido, comienza a dictar los deseos del corazón, y comienzas a disfrutar de las cosas de Dios. Cuando disfrutas de Dios, y solo en El, El comienza a manifestar más y más de Su presencia en tu vida, y es sólo en Su presencia que la plenitud de gozo es hallada.
El Espíritu se deleita en las cosas de Dios mientras la
carne se deleita en las cosas de este mundo. ¿Así que en cuál estas andando? ¿En cuál te deleitas? Estimado
cristiano, la verdad es clara. Si
siembras a la carne, de la carne segarás corrupción. La mayoría de los cristianos pasan tanto
tiempo alimentando la carne, comiendo, bebiendo, entreteniéndola,
satisfaciéndola, aún con cosas "lícitas", y sólo una minúscula
cantidad de tiempo sembrando al Espíritu, ¿entonces cuál va a ser el más
fuerte? Si habitualmente y continuamente
siembras al Espíritu, tu hombre espiritual será fuerte, y del Espíritu segarás
la vida eterna. De hecho, no esperes cosechar tal vida eterna en el bendito
Reino de Dios a menos que siembres al Espíritu y andes en el Espíritu
regularmente (ver Rom. 8). Un cristiano
verdadero no es nada menos que uno que adora al Señor su Dios con todo el
corazón, que es el mandamiento más grande, y uno inevitablemente se deleita en
lo que uno adora. ¿Te deleitas en Dios? ¿O te prostituyes y te haces la ramera,
cometiendo adulterio contra Dios buscando la satisfacción o la felicidad en las
cosas del mundo? (Santiago 4:4).
Así que algunos
pueden estar pensando: "¡Lo confieso! ¡No me deleito en las cosas de Dios como debo! ¿Cómo puedo hacerlo?
¿Cómo puedo deleitarme más en Dios? ¿Dónde comienzo?". Estimado lector, todo comienza en la cruz.
¡Vuelve a la cruz! La carne que todavía
dicta tus deseos tiene que montarse en la sangrienta cruz y ser estacada con
los clavos de la mortificación. Gritará
y pataleará hasta el final, sin duda, pero necesita ser dejado y callado. Sigue
golpeando en esos clavos hasta que la carne sea dominada completamente y se
mantenga cautiva a la cruz. Todo en tu vida que sabes que está
comprometido con el mundo, que sabes que no agrada a Dios, necesita ser
rendido. Ningunas auto
justificaciones están permitidas. ¡Si
está contra los principios de las Escrituras, o si sabes en tu corazón que no
glorifica a Dios, deshazte de ello! ¡Si
es dudoso, deshazte de ello! Algo que te
impide de tener una conciencia absolutamente pura necesita ser tratado y
crucificado. Permite que la cruz tenga
su obra completa porque es sólo en la cruz donde puedes empezar a tener
comunión con Cristo.
¡Entonces invoca el
nombre del Señor! Clama para la
presencia de Dios en tu vida. Comienza
pasando tiempo en oración ferviente
ante el Trono, implorando que las misericordias de Dios no sólo perdonen tu
carnalidad, pero que también te bendigan con Su presencia y Su compañerismo;
que con Su Espíritu te vivifique con poder en el hombre interior. Que el clamor de tu corazón sea de simplemente
conocerlo más. Aumenta tu tiempo de silencio o tiempo devocional. Ora más con frecuencia a través del día
cuando puedas. No te atrevas a decir que no tienes tiempo -tu encontrarás
tiempo para lo que realmente quieres hacer-. Y pasa tiempo en la Palabra. Lee la Biblia no como una tarea, pero para
conocerlo más. Estudia para comprender
quién es Dios, en qué se deleita, e implora ante Su presencia que El te dé
poder para ser conformado a la imagen de Su Hijo. Aférrate
a las promesas de Dios en ese Libro bendito y óralas para cumplimiento en tu
vida. Estudia para mostrarte ante Dios
aprobado.
Otra manera de romper
la barrera de la carnalidad hacia el reino del Espíritu es apartando una
cantidad determinada de tiempo en buscar a Dios por medio de ayuno y oración. Toma un
día, dos días, tres días, o una semana, y abstiene de alimentos sólidos, pasa
la mayor parte del día en la Palabra, en oración, alabando y adorando a Dios.
Puedes utilizar aún el dinero que habrías gastado en comida para donar a
hermanos pobres o a misiones. Esto es siempre beneficioso y edificante al
Espíritu. Pero mantente alerta en cualquier nivel de comunión que experimentas
cuando estás en tal temporada de buscar, que sigas caminando en ello
continuamente después y no retrocedas a tu antigua forma de vivir. Cuándo hecho con motivos puros, esto es una manera
tremenda de experimentar gran avance en el Espíritu, y podría muy bien
revolucionar tu entero caminar cristiano.
Mientras
continuamente crucifiques la carne y siembres al Espíritu, andando en el
Espíritu con una conciencia pura, tu espíritu-hombre interior será edificado y
hecho fuerte, y tu corazón será purificado continuamente por fe y los deseos
del mismo llegarán a ser deseos santos, verdaderamente, anhelos para la
comunión de la presencia de Dios. Tu corazón tendrá hambre y sed para justicia,
y cuando seas llenado con el bendito fruto del Espíritu, encontrarás la
verdadera delicia interna en Dios, e incluso podrás testificar con el Salmista,
"Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás
del torrente de tus delicias" (Sal.
36:8).
Cuándo realmente
entramos en una experiencia real en disfrutar de la presencia de Dios en
nuestras vidas, y deleitarnos en El, y no en las cosas de este mundo, amando
las cosas que El ama y sinceramente deleitándonos en las cosas que El se
deleita, siendo llenados del Espíritu continuamente, anhelando la santidad más
profunda, disfrutando de las riquezas de Su gracia, entonces nosotros estaremos
viviendo la vida cristiana normal, la vida que Dios planeó para que todo su
pueblo experimente. Creo que es el deseo más grande de Dios que Su pueblo
encuentre el deleite y placer supremo solamente en El. Ya no hay que
deleitarnos en satisfacer los deseos de los ojos, los deseos de la carne, o la
vanagloria de la vida, en las cosas de este mundo, pero hay que deleitarnos en
simplemente conocerlo, y siendo perfectamente satisfechos y contentos en sólo
eso. "Así dijo Jehová: No se alabe
el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se
alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en
entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y
justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová" (Jeremías 9:23-24).
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