“Tú, Señor, eres mi roca y mi redentor; ¡agrádate
de mis palabras y de mis pensamientos!” Salmo 19:14
Al finalizar la
Segunda Guerra Mundial se dio un gran banquete. Muchas personas hablaron largo
y tendido, pero ninguna pudo superar la perorata del maestro de ceremonias
quien, luego de hablar y hablar, anunció: "Damas y caballeros, nuestro
Ministro de Relaciones Exteriores, es quien dará su discurso".
El Ministro se
paró cerca del micrófono, y dijo en forma solemne: "Queridos amigos, ya
que se me ha pedido que dé un discurso, y dado que restan unos pocos minutos,
sólo tengo para decir: Buenas noches". Y con ello se sentó, siendo
aplaudido por todos los presentes.
Al hacer eso,
el Ministro de Relaciones Exteriores demostró estar de acuerdo con la placa que
recientemente vi en la oficina de un hombre de negocios cristiano. En ella está
grabado: "Señor, con cosas que valgan la pena mi boca llena, y cuando haya
hablado suficiente, por favor ciérrala".
¡Qué buena idea! Es una idea que Dios comprende y
utiliza.
A diferencia de
mi, usted y tantas otras personas que pareciera que siempre hablamos sin
escuchar, cuando Dios habla, habla sobre cosas que valen la pena. Con la
franqueza y honestidad que no se ven con frecuencia en este mundo de hoy, el
Señor nos deja saber lo que necesitamos saber.
Lo primero en
la lista es el conocer al Salvador que con su vida pagó el precio exigido para
rescatarnos y así obtener nuestra salvación.
Lo que nos
lleva a ese punto de la devoción donde podemos pedir a Dios sus bendiciones.
ORACIÓN. Padre celestial, con cosas que valgan
la pena mi boca llena, y cuando haya hablando suficiente, por favor ciérrala.
En el nombre de Jesús. Amén.
De una devoción
escrita originalmente para "By the Way".
CRISTO PARA TODAS LAS N. - (DEV. “ALIMENTO DIARIO”)


