“Si
es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”
Romanos 12:18 (Leer 1 Samuel 25:21-35)
Una vez, conduje 80 kilómetros para
sostener una conversación difícil con un miembro del personal. Habían informado
que estaba desprestigiando a nuestra compañía, y me preocupaba nuestra
reputación. Me sentí impulsada a darle mi opinión, para que modificara su
proceder.
En 1 Samuel 25, una persona inesperada se arriesgó
enormemente al confrontar al futuro rey de Israel, quien estaba por tomar una
decisión terrible. Abigail estaba casada con Nabal, un hombre necio (vv. 3,
25), el cual se había negado a pagarle a David y sus tropas el salario habitual
por proteger su ganado (vv. 10-11). Al saber que David planeaba vengarse —y que
su esposo no la escucharía—, Abigail preparó una ofrenda de paz, fue a ver a
David y lo persuadió a reconsiderar su decisión (vv. 18-31). Sabiamente, le recordó a David que Dios lo
había llamado para ser el rey. Si resistía sus deseos de venganza, cuando
fuera rey, «no [tendría] motivo de pena ni remordimientos por haber derramado
sangre sin causa» (v. 31).
Tal vez tú también conozcas a alguien que está
peligrosamente cerca de cometer un error que podría perjudicar a otros y
comprometer su futuro en el servicio a Dios. Como Abigail, ¿podría ser que Dios
te esté llamando a tener una conversación difícil?
(La Biblia en
un año: Ezequiel 11–13 — Santiago 1)
LESLIE
KOH - (DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO”)


