“¿Y tú buscas para ti grandezas? No las
busques.” Jeremías 45:5
“Qué pide el Señor de ti: solamente
hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Miqueas 6:8
“Dame, hijo mío, tu corazón.” Proverbios
23:26
(Leer Josué 13 – Heb 12:12-29 –
Salmo 132:13-18 – Prov 28:15-16)
Una creyente
anciana, que había servido fielmente al Señor, se vio obligada a guardar cama
debido a una tos persistente. A uno de sus visitantes explicó lo siguiente:
«Fíjese, cuando era más joven, el Señor me decía: Betty, haz esto; Betty haz
aquello, y lo hacía lo mejor que podía. Hoy el Señor me dice: Betty, quédate en
cama con tu tos...».
Lo importante
para esta cristiana no era hacer grandes cosas, sino hacer simplemente lo que
su Señor le pedía.
Esta
disposición de corazón recuerda la del apóstol Pablo, quien desde la cárcel
escribió: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé
vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado,
así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como
para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses
4:11-13).
Una actitud
serena y una sumisión llena de confianza en el Señor, en medio de las
circunstancias por las cuales considera bien hacernos pasar, tienen tanto valor
para él como un servicio activo. Ante todo él quiere ocupar el primer lugar en
nuestro corazón. Desea que aprendamos a conocerle como el amigo que ama en todo
tiempo (Proverbios 17:17) y que simpatiza perfectamente con todas nuestras
tristezas.
“En la multitud
de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma” (Salmo
94:19). “Habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y
compasivo” (Santiago 5:11).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL “LA BUENA SEMILLA”)


