“Simón
Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la
justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que
la nuestra: Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de
nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la
piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de
aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas
y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la
naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa
de la concupiscencia.” 2ª Pedro 1:1-4
Como creyentes somos llamados a confiar
plenamente en la revelación de Dios, es decir: Lo que él nos dice en su palabra
es la verdad, mientras que lo que Satanás y sus seguidores dicen es todo
mentira. Esto no es fácil de asimilar pues no podemos ver a Dios mientras que,
por el contrario, podemos ver muchas cosas en este mundo las cuales
generalmente nos atraen con más fuerza que las promesas de Dios. Ese es nuestro
principal dilema. Eva experimentó un dilema similar en el huerto del Edén. Ella
sabía que Dios le había dicho a Adán que no debían comer del árbol de la
ciencia del bien y del mal (Génesis 2:17). Pero Satanás le enseñó el árbol y la
incitó a que comiera de su fruto. “Y vio la mujer que el árbol era bueno para
comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la
sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual
comió así como ella.” (Génesis 3:6). Eva tuvo que elegir a quien debía creer, y
optó por escoger aquello que le pareció bueno y “agradable a los ojos.” Y
lamentablemente creyó las mentiras del diablo. Y cayó en pecado.
Si tú has aceptado a Jesucristo como tu
Salvador, Dios ya te ha dado “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la
piedad”, dice el pasaje de hoy. Tenemos todo lo que necesitamos para vivir
vidas victoriosas. El apóstol Pablo lo afirma categóricamente en su carta a los
Romanos, cuando les dice: “En todas estas cosas somos más que vencedores por
medio de aquel que nos amó.” (Romanos 8:37). Y a los Colosenses Pablo les
advierte: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas
sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del
mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de
la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo
principado y potestad.” (Colosenses 2:8-10).
Esto es lo que debemos creer de todo corazón. Estamos
completos en Cristo. No necesitamos
absolutamente nada más. Dios tiene planes para nuestras vidas y son planes de
bendición y victoria, dice Jeremías 29:11. El pasaje de hoy declara que Dios
“nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a
ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que
hay en el mundo a causa de la concupiscencia.” Por lo tanto, como dice Hebreos
10:23, “mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza,
porque fiel es el que prometió.”
Dios va a cumplir sus promesas, aunque en
este momento no podamos verlo. Pero debemos mantenernos firmes, sin vacilar,
sin dudar y declarándolo por fe como si ya hubiese sucedido. La verdadera fe ve lo invisible, cree lo
increíble y recibe lo imposible. El diablo sabe que si él puede lograr que
nos enfoquemos en aquello que podemos ver, tocar, oír y gustar, vamos a apartar
nuestros sentidos de lo que no podemos ver, y como resultado vamos a abandonar
el camino estrecho de la fe para tomar el “espacioso camino que lleva a la
perdición.” (Mateo 7:13-14).
Echa fuera de ti toda duda e inseguridad.
Rechaza, en el nombre de Jesucristo, toda mentira del diablo que trata de
apartar tu vista de las promesas de Dios y mantente firme en la esperanza,
creyendo a Aquel que es Fiel y Verdadero, el único que puede garantizarte una
vida llena de paz y felicidad.
ORACIÓN. Padre
santo, te ruego me ayudes a mantenerme firme creyendo por fe todo lo que dice
tu Palabra, aunque las circunstancias y las cosas de este mundo traten de
convencerme de lo contrario. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE
SANZ - (DEVOCIONAL DIARIO “DIOS TE
HABLA”)


