DIEZ PRINCIPIOS PRÁCTICOS SOBRE LA
OFRENDA
Por David Barceló
El tema del dinero es muy delicado. Fácilmente podemos caer en dos
extremos. Por un lado, la idolatría. La Palabra de Dios nos advierte seriamente
sobre el amor al dinero, que es raíz de todos los males (1ª Timoteo 6:10), y sin embargo, vemos en ciertos contextos —aún en
ciertas iglesias— que tan solo se habla del dinero. Qué triste es comprobar que
hay líderes religiosos más preocupados por lo que sus feligreses tienen en la
cartera que por lo que tienen en el corazón. Debemos de tener cuidado con la
avaricia, pues el amor al dinero es idolatría (Colosenses 3:5). Pero el otro extremo es igualmente triste: la
negligencia. No podemos cerrar los ojos ante este tema, porque el dinero es un
tema importante, y el Señor Jesús habla varias veces sobre nuestro uso de los
bienes materiales. Hemos de confiar en Dios, nuestro proveedor, y hemos de ser
buenos mayordomos de todo lo que Él pone en nuestras manos.
¿Cómo podemos entonces tener una
visión bíblica del dinero? ¿Qué principios podemos seguir para saber cómo agradar al Señor con
nuestras ofrendas? Veamos 10 principios prácticos de forma muy resumida:
1. TODO ES DEL SEÑOR. En ningún momento pienses que “le
estás haciendo un favor a Dios” con tus ofrendas. Todo es suyo. Tu casa, tu coche, tu familia, tu dinero y
tu vida. Pero Él es tan generoso, que todo lo que es suyo deja que lo
llames “mío”. Cuando ofrendamos, no hacemos más que darle al Señor una pequeña
parte de lo mucho que Él nos da.
2. LA OFRENDA ES ALGO ESPIRITUAL, NO
MATERIAL. No se
trata de ofrendar simplemente para cubrir los gastos de la iglesia. Nuestro uso
del dinero expresa las prioridades de nuestro corazón. Usamos el dinero en
aquello que nos interesa, aquello que amamos, o creemos que es importante. ¿En qué inviertes tu dinero? ¿Libros,
pasatiempos, deporte, dulces, ropa? ¿Qué prioridad tienen las cosas del Señor
en tu vida? ¿Qué importancia le das a la iglesia local y a la extensión del
Reino? El presupuesto mensual es un reflejo de lo que está en nuestro corazón.
3. OFRENDA PARA EL SEÑOR, NO PARA
LOS HOMBRES. La
ofrenda es una forma más de expresar nuestra devoción hacia el Señor. En la
iglesia que pastoreo en Barcelona, tenemos la costumbre de ofrendar usando un
buzón en la sala de cultos, de modo que el creyente pueda ofrendar de forma
privada y habiendo meditado delante de Dios. La oración, la lectura de la Palabra, o la ofrenda, son aspectos de
nuestra adoración al Señor. Eso quiere decir, lamentablemente, que corremos
el peligro de descuidar las ofrendas así como corremos el peligro de descuidar
nuestra vida de devoción privada. Pero recordemos que el hecho de que solo Dios
vea qué ofrendamos, no hace las ofrendas algo menos importante, sino todo lo
contrario.
4. NO OFRENDES PARA QUE DIOS TE DÉ;
OFRENDA PORQUE DIOS TE HA DADO. El mal llamado “evangelio de la prosperidad” presenta el
ofrendar como una forma de “negociar con Dios”. Algunos dicen “ofrenda, para
que Dios te bendiga”, otros dicen “ofrenda, o Dios te castigará”, y usan algunos
pasajes fuera de contexto para justificarse. Recordemos que en el Antiguo
Testamento las bendiciones materiales eran sombra y figura de las bendiciones
espirituales bajo el Nuevo Pacto. Hoy,
Cristo es nuestra Tierra Prometida y todas las bendiciones celestiales las
tenemos en Él (Efesios 1:3). No
creemos que debamos ofrendar “para que Dios nos bendiga” sino al revés.
Ofrendamos, porque Dios nos ha bendecido. ¿Te ha dado algo el Señor? ¿Tienes
sustento y abrigo? ¿Dios provee para ti cada día? Nuestras ofrendas no son para
“negociar” con Dios, sino una muestra de nuestra gratitud y devoción por su
bondad y generosidad con nosotros.
5. OFRENDAR ES UN PRIVILEGIO. Hay causas muy nobles en las cuales vale la pena invertir dinero, pero no hay causa más excelente que la obra de la extensión del evangelio. No es de extrañar que haya creyentes que hayan ofrendado mucho para el avance del Reino. Vale la pena. Quien ha encontrado el tesoro escondido, ya no tiene el mismo apego a las cosas terrenales. Si Dios entregó lo más precioso, su Hijo, y el Hijo entregó lo más precioso, su vida, el cristiano es por naturaleza alguien que da generosamente porque ha sido objeto de la generosidad de Dios y desea que muchos más escuchen del camino de salvación.
5. OFRENDAR ES UN PRIVILEGIO. Hay causas muy nobles en las cuales vale la pena invertir dinero, pero no hay causa más excelente que la obra de la extensión del evangelio. No es de extrañar que haya creyentes que hayan ofrendado mucho para el avance del Reino. Vale la pena. Quien ha encontrado el tesoro escondido, ya no tiene el mismo apego a las cosas terrenales. Si Dios entregó lo más precioso, su Hijo, y el Hijo entregó lo más precioso, su vida, el cristiano es por naturaleza alguien que da generosamente porque ha sido objeto de la generosidad de Dios y desea que muchos más escuchen del camino de salvación.
6. OFRENDAR ES UNA RESPONSABILIDAD. En algunos casos Dios ha usado a los
incrédulos para proveer para su causa, como cuando los egipcios entregaron el
oro a los hebreos. Pero en general, ese no es el caso. Los creyentes son los
que con sus ofrendas envían misioneros, sostienen a sus pastores, construyen
sus iglesias, etc. El apoyo de cada
iglesia local es una responsabilidad de los miembros que la componen. El
creyente puede ofrendar de muchas maneras, y a muchos lugares, pero nunca
debiera de obviar esta responsabilidad principal con su propia iglesia.
7. OFRENDA CON GENEROSIDAD. No se trata de debatir si hemos de
hacer el diezmo, o más, o menos. En el Antiguo Testamento el diezmo era parte
de la ley, y no había uno sino varios diezmos (Deut. 26:12-13). Normalmente, quien cuestiona el diezmo no
es porque quiera ofrendar más. El diezmo
ha quedado para nosotros como un baremo de lo que ofrendar, no una imposición.
Hay momentos en los cuales no nos es posible hacer el diezmo, y otros momentos
en los que el diezmo será muy poco. Cada uno ofrende “según haya prosperado” (1 Cor. 16:2). En el Nuevo Pacto la
ofrenda obedece a principios espirituales, y debe ser generosa, en amor, y con
gozo, porque la ofrenda brota de la actitud de adoración de un corazón
agradecido, y está expresando nuestra dependencia de Dios (Lucas 21:3-4).
8. LA OFRENDA ES UNA INVERSIÓN
ESPIRITUAL. En 2 Corintios 9 el apóstol Pablo da instrucciones sobre cómo ofrendar. En
el v.6 escribe “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra
generosamente, generosamente también segará”. Todos queremos ver pecadores
venir a Cristo, y bautismos, y nuevas iglesias, y el evangelio llegando a todas
las naciones, pero para segar es necesario sembrar. Dios usa el esfuerzo, el tiempo, y las ofrendas de los creyentes para
traer fruto espiritual en su tiempo. No veamos las ofrendas como dinero
perdido, sino como dinero invertido en una causa con implicaciones eternas.
9. OFRENDA CON GOZO. Nos recuerda también 2 Corintios 9:7 que hemos de ofrendar “no con tristeza, ni por necesidad, porque
Dios ama al dador alegre”. Recuerda, que la ofrenda es parte de tu culto al
Señor. ¿Acaso cantas enfadado, y oras con fastidio? ¡Claro que no! Pues tampoco
ofrendes con tristeza. Que aquello que
decidas ofrendar sea con alegría y gratitud en tu corazón, porque no solo
ofrendas dinero. La mejor ofrenda que los magos trajeron a Belén no fue el
oro, ni el incienso, ni la mirra, sino la actitud de verdadera adoración (Mateo 5:23-24).
10. OFRENDA MEDIDAMENTE. De nuevo 2 Corintios 9 expresa claramente “Cada uno dé como propuso en su corazón”. La ofrenda no se debe
improvisar el domingo, rascando en el bolsillo a ver qué encuentro. Cuando el
dinero llegue a tus manos, ya sea el salario, o un regalo, o una herencia de tu
bisabuelo, decide en oración delante del Señor qué hacer con ello. ¿Vas a ofrendar? ¿Cuánto? ¿Tienes la
actitud correcta en tu corazón? Y según hayas meditado, prepara tu ofrenda
para llevarla el domingo. En el caso de aquellas familias donde haya varios salarios
y una sola administración, la familia debe decidir junta qué van a ofrendar. En
el caso de ser el único creyente en casa, decide qué vas a ofrendar con el
consentimiento de tus padres, o de tu esposo, o de tu esposa. Seamos sabios, y
recordemos que todo es de Dios.
“De Jehová es la tierra y su
plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los
mares, Y la afirmó sobre los ríos”. (Salmo 24:1-2)
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David Barceló es pastor de la Iglesia Evangélica
de la Gracia en Barcelona, España, desde sus inicios en el año 2005. Ha participado en
varias conferencias en varias ciudades de España y Latinoamérica. Felizmente
casado con su esposa Elisabet, son padres de cuatro hijos, Moises, Daniel,
Elisabet y Abraham.
http://sdejesucristo.org/10-principios-practicos-sobre-la-ofrenda/
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