“Recibieron la palabra (de Dios) con toda
solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran
así.” Hechos 17:11
(Leer Jer. 36 – 1ª Cor. 11:23-34 – Salmo 103:13-18 – Prov. 22:20-21)
Hace mucho
tiempo un inspector preguntó a la jefa de una oficina de correos: «¿Regula cada
día la hora según la radio?
–No, respondió
ella, la regulo según el reloj de la alcaldía, que está en frente».
El inspector
fue al ayuntamiento y preguntó al portero: «¿Su reloj marca la hora exacta?».
El hombre le respondió: «La regulo según el reloj de la oficina de correos, y
veo que no varía. Sabe, ¡los carteros siempre tienen la hora exacta!».
De esta manera
cada uno estaba seguro de tener la hora correcta, fiándose del vecino de
enfrente. ¡Qué garantía tan precaria!
Amigos
cristianos, si regulamos nuestra conducta según la de nuestros hermanos o
hermanas en la fe, corremos el riesgo de equivocarnos. Nuestra única norma,
infalible para conducirnos en obediencia a Dios, es la Biblia. ¿La leemos cada
día? La Palabra de Dios, guía segura, nos revela a Jesús, el enviado de Dios,
el Mesías. Nos invita a no conformarnos a los principios de vida que guían al
mundo de hoy, sino a ser imitadores de Dios y a seguir el ejemplo de Cristo:
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también
Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros” (Efesios 5:1-2). “Si
andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la
sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1ª Juan 1:7).
¿Cuáles serán
nuestras referencias?
“Para que
habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y
cimentados en amor, seáis plenamente capaces... de conocer el amor de Cristo”
(Efesios 3:17-19).
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SEMILLA")


