“Perseverad en la oración” Colosenses
4:2
“Por nada
estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en
toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo
Jesús.” Filipenses 4:6-7
(Leer Jer. 45-46 – 2ª Cor. 2 – Salmo 105:16-22 – Prov. 23:9-11)
Se cuenta la
historia de un ministro cristiano que, una mañana, hizo esperar al rey. «Le
ruego que me disculpe, Majestad, tenía una cita con el Rey de reyes, dijo
cuando llegó». Así calificaba ese tiempo de oración con su Dios.
La oración es
la actividad primera de nuestra vida cristiana. Velemos para que esta
comunicación con Dios siempre esté abierta para adorarlo, alabarlo, interceder,
presentarle nuestras necesidades y darle gracias por sus dones y sus respuestas.
Tener una audiencia con el Dios soberano es el privilegio más elevado que un
hombre podría esperar.
Nuestro
servicio cristiano, en privado o en público, es importante; pero debe estar en armonía con nuestra vida
interior y ser el resultado de la comunión con el Señor. Cuidémonos de
engañarnos a nosotros mismos mediante actividades motivadas sobre todo por
sentimientos altruistas que no estén fundados en la fe en Jesucristo, nuestro
Maestro, ni dirigidos por él.
Es importante
que dediquemos tiempo a la oración. Nuestro Señor nos dio ejemplo de ello
cuando vivió en la tierra; los evangelios nos dan testimonio de ello: “Él fue
al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” (Lucas 6:12). Como él,
busquemos momentos tranquilos, lejos de todo, para estar en compañía de nuestro
Maestro. Siempre saldremos con más seguridad y energía para llevar a cabo las
tareas que él nos confía.
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


