“Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame
de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre.
Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.
Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un
trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. Respondió Jesús y dijo: No ha
venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el
príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la
tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte
iba a morir.” Juan 12:27-33
En estas palabras de Jesús podemos sentir el dolor en el
alma que él experimentaba al acercarse el momento de su muerte en la cruz del
Calvario. “Ahora está turbada mi alma”, dijo el Señor. Sin duda la tristeza le
invadía. Estaba a punto de dar su vida por un mundo corrupto, malvado y mal
agradecido y en su condición de hombre esto le afligía sobremanera. Pero aun
así clama: “Padre, glorifica tu nombre.” En otras palabras: “Padre, hágase todo
conforme a tu voluntad.” Y desde el cielo, el Dios Todopoderoso le responde:
“Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.”
En el puerto de Nueva York, Estados Unidos de América, se
levanta la Estatua de la Libertad. Esa majestuosa dama que sostiene en alto la
antorcha de la libertad ha atraído a millones de personas de todas partes del
mundo que estaban viviendo vidas miserables bajo una dictadura totalitaria o
simplemente que anhelaban encontrar un futuro mejor en el aspecto económico.
Ellos han sido atraídos a lo que ese monumento simboliza: la libertad.
Inscritas en el pedestal de la Dama de la Libertad están las siguientes
palabras escritas por Emma Lazarus en su poema "The New Colossus" (El
nuevo coloso): “Dame a tus cansados, a tus pobres, a esas masas ansiosas de ser
libres. Que vengan los desamparados, los sacudidos por la tempestad, envíamelos
a mí; mi antorcha alumbra la entrada a una nueva vida.” ¡Preciosas palabras que
anuncian libertad y prosperidad!
Sobre la
historia de la humanidad se levanta otro monumento que ofrece una libertad
mucho más profunda y trascendental a
personas esclavizadas por el pecado en todo el mundo. Esta es la cruz donde
nuestro Señor Jesucristo fue clavado en el Monte Calvario hace dos mil años. En
la cruz la justicia de Dios fue satisfecha. Dios sabía que no podíamos pagar
por nuestros pecados. Por eso dio a su Hijo como sustituto, transfirió nuestras
iniquidades a Jesús y lo declaró culpable en lugar de nosotros. Sin la sangre
de Cristo, que fue derramada por nosotros, y sin su muerte vicaria a nuestro
favor seríamos como perennes esclavos o prisioneros condenados sin esperanza
por toda la eternidad. Por su muerte y resurrección somos verdaderamente libres
para siempre.
Jesucristo dejó su trono en el cielo para venir a este
mundo a traer libertad y consuelo a una humanidad perdida y encadenada por el
pecado. En el pasaje de hoy, al anunciar su muerte, Jesús declara: Si bien
muchos han sido atraídos por la libertad que ofrece la Estatua de la Libertad,
muchísimos más en todo el mundo han sido atraídos por el poder, el amor y la
autoridad de Cristo desde la cruz del Calvario ofreciendo a todos la vida
eterna.
Durante el tiempo de su ministerio en la tierra, Jesús
hizo una invitación que todavía hoy está vigente. En Mateo 11:28-30 dijo:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y
ligera mi carga.” El Señor se dirige a todos aquellos que llevan sobre sí
cargas pesadas, que están agotados, que les faltan las fuerzas, quienes están
llenos de ansiedad y angustia, y les promete que si vienen a él les dará
descanso, no solamente físico sino un descanso mucho más profundo y duradero:
descanso para el alma. ¿Has oído la invitación del Señor? ¿Cuál ha sido tu respuesta?
ORACIÓN. Padre del cielo, no hay palabras con qué agradecerte el
enorme sacrificio de tu Hijo en la cruz del Calvario. Gracias porque a través
de él, hoy soy libre de toda condenación. Ayúdame a vivir de manera que ese
triunfo se refleje en mi testimonio cada día. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


