“No sea hallado en ti... quien practique
adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino,
ni mago, ni quien consulte a los muertos.” Deuteronomio 18:10-11
“Os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir
al Dios vivo y verdadero.” 1ª Tes. 1:9
(Leer Jer. 42 – 1ª Cor. 15:29-58 – Salmo 104:27-35
– Prov. 23:1-3)
«Desde que yo
tenía diez años, mi abuela paterna me enseñó, no a orar antes de ir a dormir,
sino a predecir el futuro a partir de las cartas, es decir, a practicar la
videncia. Hoy puedo decir que es una trampa diabólica, una abominación ante
Dios. Uno pasa a ser el instrumento de poderes maléficos pensando que solo se
trata de un juego... Uno queda atado y se vuelve esclavo.
El ocultismo
estaba presente en nuestra familia sin que nos diésemos cuenta. Era como si una
telaraña se estuviese tejiendo lentamente a mi alrededor. Pero un día me reuní
con un grupo de astrólogos y descubrí un libro que me invitaba a hacer «oraciones
astrológicas». Entonces comprendí en donde me estaba hundiendo. ¿Cómo podía
orar a los astros? A partir de ese momento tomé la decisión de dejar el grupo.
Cierta noche
abrí una Biblia y leí por primera vez, en el evangelio según Juan, ese pasaje en
el que Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).
Sentí escalofríos, y mis ojos se llenaron de lágrimas. ¿Qué había sucedido?
Por primera vez
fui a una reunión cristiana. El Señor había preparado mi corazón. ¡Yo estaba
sumida en la mentira, pero el mensaje bíblico era claro! El siguiente domingo,
sedienta de verdad, pasé la tarde haciendo preguntas al predicador. Comprendí
que todo lo que estaba oyendo era la única verdad».
(Mañana
continuará).
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


