“Todos los que sin la Ley han pecado, sin la Ley
también perecerán; y todos los que bajo la Ley han pecado, por la Ley serán
juzgados, pues no son los oidores de la Ley los justos ante Dios, sino que los
que obedecen la Ley serán justificados.” Romanos 2:12-13 (Leer Romanos 2:12-29)
Aquí estamos
tratando con la pregunta sobre qué hacemos con la gente que no ha oído el
evangelio. ¿Qué de aquellos que viven en sitios donde la Biblia es desconocida,
o aquellos que están en una religión distinta donde no hay referencia alguna a
los hechos de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo? En este pasaje
Pablo dice que su problema es que profanan su conciencia. Estas personas serán
juzgadas por sus propios valores. Dios juzga a los hombres, no de acuerdo a lo
que no saben, sino de acuerdo a lo que saben.
En el capítulo
2, versículos 9 a
10, Pablo dice también que el juicio de Dios es de acuerdo a la luz. Dios no va
a convocar a toda la humanidad y decirla que va a ser juzgada en base a los
diez mandamientos. Pero la gente será juzgada de acuerdo a la luz. Eso
significa que Dios le dirá a ese individuo: “¿Qué es lo que crees que estaba
bien y mal?”. Cuando el individuo conteste, entonces la pregunta de Dios será:
“¿Hiciste lo que estaba bien, y no lo que estaba mal?”. De acuerdo a esos
valores todo el mundo falla. Pablo deja eso muy claro: “Todos los que sin la
Ley han pecado, sin la Ley también perecerán”. El hecho de que tales hombres
nunca oyeron los diez mandamientos, o cualquier otra cosa que esté en la
Biblia, no significa que vayan a ser aceptables frente a Dios. Perecerán, no
porque no oyeron, sino porque supieron lo que estaba bien y no lo hicieron.
Aquí tenemos
una revelación de lo que ocurre en el mundo primitivo. Hombres y mujeres que
nunca han oído nada sobre la Biblia, sin embargo, son sometidos a juicio porque
tienen la verdad escrita en sus corazones. Saben lo que está bien y lo que está
mal. Lo muestran en sus propias vidas. La gente dice: “Deja que tu conciencia sea
tu guía”. Esa es una receta para la infelicidad. Si eso es todo lo que tienes,
es una forma cierta de sumirte en una vida que alterna entre el temor y la paz
momentánea.
ORACIÓN. Gracias, Señor, que has proveído una
forma en la que puedo ser perdonado de los pecados que he cometido en contra de
mi propia conciencia. ¡Gracias por Jesús!
APLICACIÓN PARA LA VIDA. Cuando
entendemos el precio de rechazar la luz de la conciencia, ¿profundiza nuestra
gratitud por el precio pagado por nuestro perdón? ¿Nos damos cuenta de la
urgencia de extender la luz del evangelio a aquellos que nunca oyeron el
mensaje de la gracia de Dios?
RAY STEADMAN - (DEV. "EL PODER DE SU
PRESENCIA")


