“Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, y en
el día de reposo entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se levantó a
leer las Escrituras. Se le dio el libro del profeta Isaías, y al abrirlo
encontró el texto... Entonces él comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido
esta Escritura delante de ustedes.” Lucas 4:16-17, 21 (Leer Lucas 4:16-30)
¿Respetas la
Biblia? Casi que es una pregunta ofensiva, ¿no es cierto? No son muchas las
personas que dirían que no, especialmente si son creyentes.
Ciertamente
Jesús respetó la Biblia. En el pasaje para hoy leemos que, cuando fue invitado
a predicar en la sinagoga de su ciudad natal tomó el rollo de Isaías, lo abrió,
leyó un pasaje en voz alta para el grupo y luego comenzó a predicar sobre él.
Pensemos por un
momento. Dios en persona está por predicar... y para comenzar le lee la Biblia
al pueblo. No dice: "Bueno, ya que estoy aquí les voy a predicar; pero no
voy a leer las Escrituras pues no es necesario". Al contrario, es como si
Dios dijera: "Las Escrituras tienen tanto valor, que ni siquiera les voy a
hablar sin primero leer de ellas. Y si yo las valoro tanto, ustedes también
deben hacerlo".
Es fácil
valorar los pasajes favoritos de la Biblia. Los habitantes de Nazaret, por
ejemplo, no tuvieron problemas en escuchar a Jesús leer acerca de ayudar al
oprimido y liberar a los cautivos, pues eso les recordaba cuánto los amaba y
cuidaba Dios.
Pero no reaccionaron de la misma forma cuando Jesús
se refirió a otros pasajes de la Biblia. Por ejemplo, cuando mencionó al
profeta Eliseo, quien ayudó a una viuda extranjera pobre, y al profeta Elías,
quien sanó a un hombre de Siria. De pronto, la lección bíblica dejó de ir bien.
¿Cómo? ¿El Dios de Israel ayudando a extranjeros en vez de a su propio pueblo?
¿Acaso debían respetar eso?
No lo hicieron.
Al contrario, trataron de empujar a Jesús por un precipicio.
Muchos no
habrían de respetar la Biblia. Pero Jesús sí lo hizo, cumpliendo cada promesa
hecha en el Antiguo Testamento sobre el Salvador que habría de rescatarnos del
pecado y la muerte. Y ahora que se ha levantado de los muertos, sigue
cumpliendo sus promesas: Jesús perdona a todo aquél que confía en él y le da
vida eterna.
ORACIÓN: Espíritu Santo, ayúdame a atesorar tu
Palabra y a crecer cada día más a través de ella. Amén.
CRISTO PARA TODAS LAS N. - (DEV. “ALIMENTO DIARIO”)


