“Con amor eterno te he amado; por tanto, te
prolongué mi misericordia.” Jeremías 31:3
“Así dice el Señor, Creador tuyo... y Formador
tuyo... No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.” Isaías
43:1
(Lectura: Génesis 47 - Mateo 27:1-31 - Salmo 22:12-15
- Proverbios 9:1-6)
Ayer en la
mañana se rompió el cordón de mi zapato. Como tuve que buscar otro, salí dos
minutos más tarde y perdí el bus. En ese bus hubo un atentado. Si mi cordón
hubiese durado un día más, yo estaría muerto... ¿Mi vida depende de un cordón,
del azar? Entonces empecé a hacer una angustiosa retrospectiva...
Mis padres se
conocieron fortuitamente en una velada. Si esta no hubiese sido organizada, mis
padres no se hubiesen conocido ni casado. Yo no existiría. Entonces, ¿nací por
casualidad?
Me admitieron
en una escuela de Tolosa, donde conocí a mi mujer. Si hubiese tenido un punto
menos, hubiese tenido que ir a estudiar en otra ciudad, y nunca la hubiese
conocido. Por lo tanto mis hijos nacieron por casualidad...
¿Todo sucede
gracias al azar? Hoy respiro, vivo y pienso. Mañana quizá muera. Nací por
casualidad, vivo por casualidad, moriré por casualidad... ¿Mi vida es el
resultado del azar? ¿No tiene ningún sentido?
¿El azar hace
que me mueva, que reflexione, conoce el futuro, se interesa en mí, persigue un
objetivo, busca mi bien...?
Por qué no
reconocer más bien que hay alguien, una Persona que:
–condujo todo
para mi nacimiento, que me creó como soy, con un objetivo concreto.
–Se interesa por
mí, conduce las circunstancias de mi vida, quiere mi bien, ¡me ama!
–Me busca, me
llama, me invita con paciencia a conocerlo, ¡a dejarme amar y liberar de mis
ataduras!
¡Ese Alguien es
Dios, es Jesús!
EDICIONES BÍBLICAS - (DEVOCIONAL "LA BUENA
SEMILLA")


