"Tened fe que todo lo que pidiereis orando, ya os ha
sido concedido y hallaréis que lo recibiréis.” (Marcos 11:24 - TRADUC. LITERAL)
Cuando mi niño
iba a cumplir los diez años, su abuela le prometió un álbum de sellos para las
Navidades. Llegaron las Navidades, pero no recibió ni el álbum ni una sola
palabra de la abuela. Acerca de esto no se dijo ni una palabra, pero cuando sus
compañeros de juego vinieron a ver sus regalos, yo quedé sorprendido cuando
después de haber hablado de este y de aquel regalo, el niño añadió:
"Y un
álbum para sellos, de mi abuelita." Habiéndole oído decir esto varias
veces, lo llamé aparte y le dije, "Jorge, tú no has recibido el álbum de
la abuela. ¿Por qué dices eso?".
Hubo una
muestra de sorpresa en su rostro, como si él se hubiese extrañado de que le hiciese
tal pregunta, y contestó: "¡Está bien mamá, la abuelita lo dijo, y es lo
mismo que si lo hubiese recibido!' No
repliqué una palabra, por no lastimar su fe.
Pasó un mes y
no se oyó nada acerca del álbum. Por fin un día, para probar su fe y al mismo
tiempo extrañándome de que no se le hubiese enviado el álbum, le dije,
"Jorge, me parece que la abuelita ha olvidado su promesa." "¡No,
mamá¡" replicó con voz firme, "¡Ella no ha olvidado!"
Observé aquella
cara querida y confiada por un rato, la cual parecía desafiar las posibilidades
que yo había sugerido. Finalmente, un rayo de luz pasó por su cara y dijo,
"Mamá, ¿crees que sería conveniente que le escribiese dándole las gracias
por el álbum?"
"Yo no
sé," le dije, "pero podías tratar el hacerlo."
Una gran verdad espiritual empezó a nacer en mí. En unos minutos
la carta fue escrita y echada al correo. Al poco tiempo recibió la respuesta,
que decía:
"Mi
querido Jorge: No he olvidado la promesa que te hice del álbum. Traté de
adquirir uno como lo deseabas, pero no pude encontrarlo de esa clase; así que
envié por él a Nueva York. No lo recibí hasta después de las Navidades, y
después de todo no era la clase que tu querías, así que envié por otro, y como aún
no ha llegado, te envío tres dólares para que compres uno en Chicago. Tu abuela
que mucho te quiere."
Al leer la
carta, su rostro parecía el de un conquistador. "¿No te decía, Mamá?"
fueron las palabras que salieron de la profundidad de un corazón que nunca dudó,
que "contra esperanza, creyó en esperanza" que el álbum llegaría. Mientras confiaba, la abuela estaba
obrando, y en el tiempo oportuno la fe se hizo visible.
La falta de
vista es una cosa muy humana cuando miramos a las promesas de Dios, pero nuestro
Salvador dijo a Tomás y al gran número de personas que desde entonces le han
seguido e imitado en la duda: "Bienaventurados aquellos que no han visto y
han creído." -MRS. ROUNDS-.
L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")
L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")


