"Amados, no os venguéis vosotros mismos…" Romanos 12:19
Hay tiempos en que el
permanecer quietos requiere una fortaleza mucho mayor que el actuar. La quietud
es frecuentemente el resultado más elevado de poder. A las calumnias más viles
y mortales, Jesús respondió con un silencio tan profundo e inquebrantable que
excitó la admiración del juez y de los espectadores. A los insultos más
groseros, al tratamiento más cruel y a la burla que podía haber indignado aún
al corazón más débil, El respondió con una calma muda y complaciente. Aquellos que
han sido acusados injustamente y han sido maltratados sin motivos, saben la
fortaleza tan grande que es necesario poseer para guardar silencio a Dios.
San Pablo dijo:
"Ninguna de estas cosas me conmueve." (Hechos 20:24 - VERSIÓN
INGLESA)
El no dijo, ninguna de estas cosas me hiere. El estar herido
es una cosa enteramente diferente al estar conmovido. San Pablo tenía un
corazón muy sensible. No leemos que ningún otro apóstol haya clamado como lo
hizo San Pablo. A un hombre fuerte le cuesta trabajo el clamar. Jesús lloró, y
El ha sido el Hombre más viril que ha existido. Así, que no dice, ninguna de estas
cosas me han herido. Pero el apóstol estaba dispuesto a no cambiar en aquello
que él consideraba recto y justo. El no contaba como nosotros estamos
dispuestos a contar; él no se preocupó por la comodidad, a él no le preocupó
esta vida mortal. El solamente se preocupó por una cosa, el ser leal a Cristo,
el tener Su sonrisa. Para San Pablo más que para ningún otro hombre, Su trabajo
era salario, Su sonrisa era el Cielo. -MARGARET
BOTTOME-.
L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")
L. B. COWMAN - (DEV. "MANANTIALES EN EL DESIERTO")


