“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed
también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo
os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y
os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo
estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás:
Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le
dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por
mí.” Juan 14:1-6
Un hombre llamado Scott Kerman se considera a sí mismo un
“colado profesional”. ¡Y con razón! Él afirma haber asistido a más de
trescientos eventos deportivos y conciertos, incluyendo veinticinco juegos de
series mundiales de béisbol, sin haber pagado nunca un centavo. De hecho, ha
escrito un libro titulado “¿No ticket? ¡No problem!” (“¿No tienes boleto de
entrada? ¡No hay problema!”), en el que describe cincuenta maneras de colarse
en los conciertos y eventos deportivos. Sin duda, aunque las “coladas” de Scott
Kerman plantean toda clase de preguntas éticas, resulta interesante su
habilidad para asistir de gratis a espectáculos a los cuales una gran cantidad
de personas, aún con la intención de pagar sus boletos, se quedaron con los
deseos de entrar.
Ahora pensemos por un momento en el aspecto espiritual.
¿Cuál será nuestra morada eterna cuando lleguemos al final de nuestras vidas en
este mundo? ¿Qué se necesita para entrar al cielo? En el pasaje de hoy, Jesús,
conversando con sus discípulos, les asegura que él es el único camino para
llegar al reino celestial. No hay otro camino, no existe otra forma de llegar
al Padre. Solamente a través de Jesús, aceptando el sacrificio que él hizo por
nosotros y creyendo por fe que su sangre derramada nos limpia de todo pecado y
nos justifica delante de Dios. Romanos 5:1-2 declara: “Justificados, pues, por
la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por
quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos
firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.”
El “boleto” para entrar al cielo es la fe personal en
Cristo, creer de todo corazón que él pagó la deuda por nuestros pecados y
aceptar su oferta de perdón como un regalo. Eso y únicamente eso garantiza la
admisión. No hay forma de colarse por las puertas de la gloria, y no tiene
ningún sentido tratar de hacerlo. Nadie entrará en la majestuosa presencia de
Dios a menos que esté acompañado de Jesucristo mismo. La gente se cuela en esos
eventos por el alto costo de los boletos y por la emoción de colarse. El precio
de nuestra salvación fue de un valor incalculable para Dios: la muerte de su
Hijo, pero para nosotros es de gratis. Solamente tenemos que creer. Cuando el
carcelero de la cárcel donde estaban Pablo y Silas les preguntó a ellos: “Señores,
¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y
serás salvo, tú y tu casa.” (Hechos 16:30-31).
Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador, dale
gracias a Dios por haberte facilitado la entrada a su presencia el día que
partas de este mundo. Si no tienes la seguridad de que tienes la entrada al
cielo cuando llegue tu momento, he aquí tu "boleto de entrada": la
Biblia dice “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en
tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el
corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”
(Romanos 10:9-10). Si crees esto en tu corazón, eleva ahora mismo una oración,
confiesa tus pecados y pide al Señor que entre a morar en ti para siempre. Al
hacerlo las puertas del cielo estarán abiertas para ti.
ORACIÓN: Gracias, bendito Dios, por el sacrificio de tu Hijo que nos garantiza la entrada a tu reino celestial. Te ruego que aquellos familiares míos que aun no tienen entrada al cielo, puedan venir al conocimiento de tu Hijo Jesucristo y así tener la seguridad de que pasarán la eternidad junto a ti y junto a mí. En el nombre de Jesús, Amén.
ORACIÓN: Gracias, bendito Dios, por el sacrificio de tu Hijo que nos garantiza la entrada a tu reino celestial. Te ruego que aquellos familiares míos que aun no tienen entrada al cielo, puedan venir al conocimiento de tu Hijo Jesucristo y así tener la seguridad de que pasarán la eternidad junto a ti y junto a mí. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


