LA CRUZ TRAE ARREPENTIMIENTO
1. Además es necesario que nuestro
misericordioso Padre no sólo prevenga nuestra debilidad futura, sino también
que corrija nuestras ofensas pasadas para mantenernos en el sendero de la
obediencia. Cuando nos llega la aflicción, debemos de examinar inmediatamente
nuestra vida pasada, y, al hacerlo, ciertamente encontramos que merecemos la
disciplina que hemos recibido. Sin embargo, no deberíamos sacar la conclusión
de que a todos se nos exhorta primeramente a la paciencia, porque necesitamos
recordar nuestros pecados. La Escritura nos da mejores razones cuando nos dice
que en la adversidad “somos sometidos por el Señor, para que no seamos
condenados con el mundo”.
2. En consecuencia, aun en la más amarga
de nuestras pruebas deberíamos disfrutar de la misericordia y bondad de nuestro
Padre, pues ni aun en las circunstancias más duras deja de preocuparse por
nuestro bienestar. Dios no nos aflige para destruirnos o arruinarnos, sino más
bien para librarnos de la condenación del mundo. Este pensamiento nos lleva a
otro versículo de la Escritura, “No menosprecies, hijo mío, la reprensión de
Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama reprende,
como el padre al hijo a quien quiere”. Cuando reconocemos la vara de un padre,
¿no deberíamos mostrarnos dóciles antes que imitar la actitud de esos hombres
desesperados que se han endurecido en sus mismas maldades? Si El Señor no nos
trajera hacia Él por medio de la corrección cuando le hemos fallado, nos
dejaría perecer junto con el mundo que va de mal en peor. Como dice en la
Epístola a los Hebreos: “Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han
sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”.
3. Si no estamos de acuerdo con Dios
somos realmente perversos, pues Él nos muestra continuamente su amor y
benevolencia, y su gran preocupación por nuestra salvación. La Escritura
establece esta diferencia entre los creyentes y los que no lo son; los últimos,
como antiguos esclavos de su incurable perversidad, no pueden soportar la vara,
pero los primeros, como auténticos hijos de noble cuna, proceden al
arrepentimiento y aceptan la corrección. Ahora nos toca a nosotros decidir de
qué lado queremos estar. Habiendo ya tratado este tema en otras muchas páginas,
basta decir lo que he tocado aquí en forma breve. (Ver 2ª Cor. 11:32; Prov. 3:11-12; Heb. 12:8)
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


