domingo, 21 de enero de 2018

Libro de Oro 21 enero






LA CRUZ TRAE ARREPENTIMIENTO



1. Además es necesario que nuestro misericordioso Padre no sólo prevenga nuestra debilidad futura, sino también que corrija nuestras ofensas pasadas para mantenernos en el sendero de la obediencia. Cuando nos llega la aflicción, debemos de examinar inmediatamente nuestra vida pasada, y, al hacerlo, ciertamente encontramos que merecemos la disciplina que hemos recibido. Sin embargo, no deberíamos sacar la conclusión de que a todos se nos exhorta primeramente a la paciencia, porque necesitamos recordar nuestros pecados. La Escritura nos da mejores razones cuando nos dice que en la adversidad “somos sometidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”.

2. En consecuencia, aun en la más amarga de nuestras pruebas deberíamos disfrutar de la misericordia y bondad de nuestro Padre, pues ni aun en las circunstancias más duras deja de preocuparse por nuestro bienestar. Dios no nos aflige para destruirnos o arruinarnos, sino más bien para librarnos de la condenación del mundo. Este pensamiento nos lleva a otro versículo de la Escritura, “No menosprecies, hijo mío, la reprensión de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama reprende, como el padre al hijo a quien quiere”. Cuando reconocemos la vara de un padre, ¿no deberíamos mostrarnos dóciles antes que imitar la actitud de esos hombres desesperados que se han endurecido en sus mismas maldades? Si El Señor no nos trajera hacia Él por medio de la corrección cuando le hemos fallado, nos dejaría perecer junto con el mundo que va de mal en peor. Como dice en la Epístola a los Hebreos: “Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”.

3. Si no estamos de acuerdo con Dios somos realmente perversos, pues Él nos muestra continuamente su amor y benevolencia, y su gran preocupación por nuestra salvación. La Escritura establece esta diferencia entre los creyentes y los que no lo son; los últimos, como antiguos esclavos de su incurable perversidad, no pueden soportar la vara, pero los primeros, como auténticos hijos de noble cuna, proceden al arrepentimiento y aceptan la corrección. Ahora nos toca a nosotros decidir de qué lado queremos estar. Habiendo ya tratado este tema en otras muchas páginas, basta decir lo que he tocado aquí en forma breve. (Ver  2ª Cor. 11:32; Prov. 3:11-12; Heb. 12:8)



JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA VERD.")









TRADUCCIÓN