CAPÍTULO 3: PACIENTES Y LLEVANDO LA CRUZ
LLEVAR LA CRUZ ES MÁS DIFÍCIL QUE NEGARSE A SÍ
MISMO
1. El cristiano fiel ha de elevarse a un
nivel superior donde Cristo llama a cada discípulo suyo a “tomar su cruz”.
Todos aquellos a quienes el Señor ha escogido y ha recibido en la compañía de sus
santos, deben prepararse para una vida dura, difícil, laboriosa y llena de
incontables penas. Es la voluntad de nuestro Padre celestial permitir que sus
hijos pasen por todas estas vicisitudes, para así poder probarles. De esta
forma ocurrió con el Señor Jesucristo, su primogénito, y también así seguirá
siendo con todos nosotros sus hijos. Si bien Cristo fue su hijo bien amado, en
quien el Padre tenía contentamiento, no vivió sin pruebas ni tristezas, sino
que fue afligido en gran manera. Toda su vida fue una cruz perpetua.
2. El Apóstol explica la razón, que
aprendiera la obediencia por medio de aquellas cosas que padeció; “Y aunque era
hijo, aprendió la obediencia por lo que padeció...”. ¿Por qué habríamos, entonces,
de librarnos nosotros de esa condición a la cual Cristo, nuestro ejemplo y
modelo, tuvo que someterse por amor a nosotros? El Apóstol Pablo nos enseña que
el destino de todos los hijos de Dios es el de ser conformados a su imagen.
Cuando experimentamos estas penas y calamidades, tenemos el consuelo de ser
participes de los sufrimientos de Cristo. A pesar por nuestras muchas
tribulaciones, recordamos a aquel que franqueó un abismo de maldades y se elevó
a la gloria del cielo.
3. Pablo nos dice que si conocemos “la
participación de sus padecimientos”, también entenderemos “el poder de su
resurrección”, y la participación en su muerte, y además estaremos preparados
para compartir su gloriosa resurrección. ¡Cuánto nos ayudan estos conceptos a
sobrellevar el dolor de la cruz! Cuanto más seamos afligidos, por las
adversidades, más será confirmada nuestra comunión con Cristo. Por medio de la
comunión las contrariedades se convierten en bendiciones, y además son de gran
ayuda para promover nuestra felicidad y salvación. (Ver Mateo 16:24; 3:17; 17:5;
Heb. 5:8; Rom. 8:29; Hech. 14 22; Fil. 3:10)
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


