NO DEBEMOS ESTAR ANSIOSOS POR OBTENER
RIQUEZAS Y
HONORES
1. Si creemos que todo anhelo y bienestar
debe basarse solamente en la bendición divina, y que sin ella solo podemos
esperar miseria y calamidades, también hemos de entender que no tenemos que
estar ansiosos en tratar de conseguirlo todo apoyándonos en nuestra propia
diligencia y aptitudes, que dependan del favor de los hombres o confiando en la
“buena suerte”. Esperamos siempre en el Señor. Él nos dirigirá de modo que
podamos obtener la bendición que tiene reservada para nuestras vidas. Si
esperamos en Dios ya no tendremos que apresurarnos para conseguir las riquezas
y el honor por medios dudosos, engañando a nuestro prójimo, o sirviéndonos de
triquiñuelas, sino que antes nos abstendremos de estas cosas que nos apartan
del camino de la voluntad de Dios. Pues ¿Quién puede esperar la ayuda o la
bendición divina sobre el fraude, el robo u otros actos deshonestos?
2. La bendición divina viene únicamente
sobre aquellos que son puros en sus pensamientos y justos en sus hechos,
influyendo en todo aquel que procura mantenerse alejado de la corrupción y la
maldad. Todo creyente debe sentir deseos de permanecer apartado de la falsa
ambición y de la búsqueda inadecuada de grandezas y honores. Pues ¿no sería
acaso vergonzoso confiar en la ayuda
divina si al mismo tiempo estamos en medio de asuntos que contradicen su Palabra?
Lejos está de Dios prosperar con su bendición al que antes ha maldecido con Su
boca.
3. Finalmente, si no tenemos el éxito que
esperamos no debemos impacientarnos ni detestar nuestra condición, cualquiera
que esta sea, porque esta actitud denota una rebelión contra Dios, quien reparte
a cada uno según su santa sabiduría “con su propia voluntad”. En conclusión,
aquel que retiene la bendición de Dios de la forma que hemos descrito, no irá
detrás de aquellas cosas que el hombre mundano codicia, y usará aquellos
métodos de los cuales y sabe que no va a sacar provecho. Por otra parte, un
verdadero cristiano no deberá atribuir ninguna prosperidad a su propia
diligencia, trabajo o buena suerte, sino que ha de tener siempre presente que
Dios es el que prospera y bendice. Si solamente ha podido hacer pequeños
progresos, o se queda atrás mientras los otros siguen adelante, debería
sobrellevar su limitación económica con tranquilidad y moderación, y no con
rebeldía y exasperación con que lo hace un hombre del mundo.
4. El verdadero cristiano posee una dulce
consolación que le proporciona más satisfacción que el mayor de los bienestares
humanos, pues está convencido de que todos sus asuntos son regulados por El
Señor según su eterno propósito para los suyos. David, quien seguía a Dios y se
rendía a sus ordenanzas, dijo lo siguiente: “Jehová, no está envanecido el
corazón, ni mis ojos son altivos; no ando tras grandezas, ni tras cosas
demasiado sublimes para mí. Sino que me he calmado y he acallado mi alma como
un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma” (Ver Salmo
131:1-2).
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


