domingo, 14 de enero de 2018

Libro de Oro 14 enero





NO DEBEMOS ESTAR ANSIOSOS POR OBTENER
RIQUEZAS Y HONORES



1. Si creemos que todo anhelo y bienestar debe basarse solamente en la bendición divina, y que sin ella solo podemos esperar miseria y calamidades, también hemos de entender que no tenemos que estar ansiosos en tratar de conseguirlo todo apoyándonos en nuestra propia diligencia y aptitudes, que dependan del favor de los hombres o confiando en la “buena suerte”. Esperamos siempre en el Señor. Él nos dirigirá de modo que podamos obtener la bendición que tiene reservada para nuestras vidas. Si esperamos en Dios ya no tendremos que apresurarnos para conseguir las riquezas y el honor por medios dudosos, engañando a nuestro prójimo, o sirviéndonos de triquiñuelas, sino que antes nos abstendremos de estas cosas que nos apartan del camino de la voluntad de Dios. Pues ¿Quién puede esperar la ayuda o la bendición divina sobre el fraude, el robo u otros actos deshonestos?


2. La bendición divina viene únicamente sobre aquellos que son puros en sus pensamientos y justos en sus hechos, influyendo en todo aquel que procura mantenerse alejado de la corrupción y la maldad. Todo creyente debe sentir deseos de permanecer apartado de la falsa ambición y de la búsqueda inadecuada de grandezas y honores. Pues ¿no sería acaso vergonzoso  confiar en la ayuda divina si al mismo tiempo estamos en medio de asuntos que contradicen su Palabra? Lejos está de Dios prosperar con su bendición al que antes ha maldecido con Su boca.


3. Finalmente, si no tenemos el éxito que esperamos no debemos impacientarnos ni detestar nuestra condición, cualquiera que esta sea, porque esta actitud denota una rebelión contra Dios, quien reparte a cada uno según su santa sabiduría “con su propia voluntad”. En conclusión, aquel que retiene la bendición de Dios de la forma que hemos descrito, no irá detrás de aquellas cosas que el hombre mundano codicia, y usará aquellos métodos de los cuales y sabe que no va a sacar provecho. Por otra parte, un verdadero cristiano no deberá atribuir ninguna prosperidad a su propia diligencia, trabajo o buena suerte, sino que ha de tener siempre presente que Dios es el que prospera y bendice. Si solamente ha podido hacer pequeños progresos, o se queda atrás mientras los otros siguen adelante, debería sobrellevar su limitación económica con tranquilidad y moderación, y no con rebeldía y exasperación con que lo hace un hombre del mundo.


4. El verdadero cristiano posee una dulce consolación que le proporciona más satisfacción que el mayor de los bienestares humanos, pues está convencido de que todos sus asuntos son regulados por El Señor según su eterno propósito para los suyos. David, quien seguía a Dios y se rendía a sus ordenanzas, dijo lo siguiente: “Jehová, no está envanecido el corazón, ni mis ojos son altivos; no ando tras grandezas, ni tras cosas demasiado sublimes para mí. Sino que me he calmado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma” (Ver Salmo 131:1-2).



JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA VERD.")









TRADUCCIÓN