NO HAY FELICIDAD SIN LA BENDICIÓN DE DIOS
1. Analicemos en forma más detallada este
aspecto de la auto negación y su relación con Dios. No hace falta repetir los
muchos comentarios que ya se han hecho anteriormente, pero será suficiente con
señalar como esta forma de esta auto negación puede hacernos apacibles y
pacientes. En primer lugar, la Escritura nos llama la atención al hecho de que
si deseamos sosiego y tranquilidad en nuestras vidas, tenemos que rendirnos a
nosotros mismos y todo aquello que tenemos a la voluntad de Dios. Al mismo
tiempo, y puesto que es nuestro Salvador y el Señor de nuestras vidas,
debiéramos también rendir a Él todos nuestros afectos. Nuestra naturaleza
carnal, en su forma natural, desenfrenada y codiciosa, anhela las riquezas y el
poder, el honor y la vanidad, y todo aquello que llene nuestra existencia de
una pompa vacía e inútil. Por otra parte, tememos y aborrecemos la pobreza y
obscuridad y la humildad y tratamos de evitar estas cosas por todos los medios
posibles. No es difícil ver en nuestros días como la gente se afana, siguiendo
los deseos y dictados por su propia mente, para conseguir todos aquellos
objetos que su ambición y codicia les demandan.
2. Los creyentes hemos de tener siempre
presente el hecho de que todo lo que comprende y rodea nuestra vida depende
únicamente de la bendición del Señor. A veces pensamos que podemos alcanzar
fácilmente las riquezas y el honor con nuestro propio esfuerzo, o por medio del
favor de los demás; pero ténganlo siempre presente que estas cosas no so nada en
sí mismas, y que no podemos abrirnos camino por nuestros propios medios a menos
que el Señor quiera prosperarnos.
3. Por otra parte, esta bendición nos
abrirá el camino para que seamos prósperos y felices, no importa las
adversidades que puedan venir. Aunque seamos capaces de obtener cierta medida
de bienestar y fama sin la bendición divina, como sucede con mucha gente
mundana, vemos que estas personas están bajo la ira de Dios y, por lo tanto no
pueden disfrutar de la más mínima partícula de felicidad. Así pues, llegamos a
la conclusión de que no podemos obtener nada sin la bendición divina, y aunque
pudiésemos lograrlo, acabaría siendo una calamidad para nuestras vidas.
Reflexionemos entonces y no seamos necios en anhelar aquellas cosas que nos
harían más desdichados.
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


