UNA BUENA CONDUCTA CÍVICA NO ES SUFICIENTE
1. Si no cumplimos con todos los deberes
de amor, nunca podremos practicar una negación real de “yo”. Estos deberes no
los cumple aquel cristiano que realiza su servicio de una forma meramente
externa, sin omitir ni siquiera un detalle, sino el que actúa tomando como base
el sincero principio del amor. Puede acontecer que el hombre desempeñe sus deberes
de acuerdo con sus mejores habilidades, pero si su corazón no está en lo que
hace, le falta mucho para llegar a su meta. Hay quienes son conocidos por ser
muy liberales, y aun así nunca han dado nada sin manifestar su regañiza,
orgullo o, incluso insolencia. En nuestros días estamos tan sumergidos dentro
de esta especie de calamidad, que casi nadie es capaz de dar una miserable
limosna sin una actitud de arrogancia o desdén. La corrupción de los tiempos en que vivimos es tan enorme que no habría
sido tolerada aun por los propios paganos.
2. Al practicar la caridad, los
cristianos deberían tener algo más que una cara sonriente, una expresión amable
o un lenguaje educado. En primer lugar, tendrían que situarse en el lugar de
aquella persona que necesita su ayuda, y simpatizar con ella como si fuesen
ellos mismos los que están sufriendo. Su deber es mostrar una verdadera
humildad y misericordia, y ofrecer su
ayuda con tanta espontaneidad y presteza como si fuera para ellos mismos. La
piedad que surge del corazón hará que se desvanezca la arrogancia y el orgullo,
y nos prevendrá de tener una actitud de reproche o desdén hacia el pobre y el
necesitado. Cuando un miembro de nuestro cuerpo físico está enfermo, y todo el
organismo tiene que ponerse en acción para restaurarlo y volverlo a la salud,
no tomamos una actitud de desprecio hacia ese miembro enfermo, ni lo cuidamos o
lo sostenemos por obligación, sino con nuestra mejor voluntad.
3. La ayuda mutua que las diferentes
partes del cuerpo se ofrecen las una a las otras no es considerada por la ley
de la naturaleza como un favor, sino como algo lógico y normal cuya negativa
seria cruel. Por tanto, si un hombre ha realizado un servicio a otro, no debe
considerarse librado de todas sus demás obligaciones. Por ejemplo, si alguien
es rico y ha dado parte de su propiedad, pero en cambio se niega a ayudar a
otros en sus problemas, no puede considerarse excusado de haber cumplido con
todas sus obligaciones. Por más importante que sea, cada hombre debe darse
cuenta de que es deudor de su prójimo, y que el amor le demanda que dé hasta el
límite de su capacidad.
JUAN CALVINO - (DEV. "EL LIBRO DE ORO DE LA
VERD.")


