“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los
discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas,
y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les
dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo:
Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de
guerras; mirad que no os turbéis, porque
es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se
levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y
hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de
dolores.” Mateo 24:3-8
En este pasaje Jesús estaba hablando con sus discípulos
acerca de su regreso triunfal a la tierra, de los tiempos finales. Y ellos
comenzaron a indagar, pidiéndole al Señor que les dijera alguna señal que
indicara cuando llegaría ese momento. Dos mil años después todavía existe una
gran incertidumbre en relación a cuando habrá de llevarse a cabo este grandioso
evento. A través de los siglos, muchos “profetas” y “videntes” religiosos han
pronosticado fechas exactas del fin del mundo, y una ocasión tras otra estas
fechas han pasado sin que sucediera nada parecido a los pronósticos. Lo cierto
es que nadie, absolutamente nadie sabe cuándo ocurrirá este acontecimiento,
excepto Dios. Así lo aseguró Jesús en Mateo 24:36 cuando dijo: “Pero del día y
la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.”
Entre las señales, Jesús habla de hombres engañando
multitudes haciéndose pasar por el Cristo. Últimamente hemos oído con bastante
frecuencia acerca de hombres declarándose ellos mismos apóstoles, o profetas, o
la reencarnación del apóstol Pablo e incluso algunos afirman ser el mismo
Jesucristo. Y es lamentable ver las multitudes que creen sus mentiras. Habla
también Jesús de "guerras y rumores de guerras" y de "pestes,
hambres y terremotos en diferentes lugares." Realmente no pasa un día en
el que no vemos en la televisión o leemos en los periódicos alguna noticia
acerca de guerras o matanzas en algún lugar del mundo, así como de terremotos,
volcanes en erupción, inundaciones y otros fenómenos naturales. A todo esto,
tenemos que añadir el caótico estado de la economía a nivel mundial, la
multiplicación de los grupos radicales terroristas por todo el mundo,
especialmente en el medio oriente, y la expansión del armamento nuclear a cada
vez más países, algunos de los cuales amenazan constantemente con usarlos.
Al final del pasaje, Jesús menciona algo que es muy
interesante: “Y todo esto será principio de dolores.” Cuando la mujer está
próxima a dar a luz, comienza a sentir leves contracciones del útero. Esto es
el principio de dolores. Pero a medida que pasa el tiempo y se acerca el
momento del parto, los dolores y las contracciones se intensifican y se hacen
cada vez más frecuentes. Estas señales indican que está próxima la llegada de
la criatura. Finalmente se lleva a cabo el parto. Sin duda ha habido siempre
guerras, y enfermedades, y hambres y terremotos. Pero la frecuencia y la
intensidad con que han estado sucediendo en los últimos años estos fenómenos
nos indican que muy probablemente estas son las señales a las que Jesús se
refirió como preámbulo a su regreso.
Ciertamente todo parece indicar que el fin del mundo está
cerca. No sabemos cuándo será, pero definitivamente será, porque lo dice la
Biblia. Por eso debemos velar, debemos estar atentos, debemos vivir cada día
como si fuera mañana el día en que Jesús va a llegar. No queremos que nos
suceda como a las cinco vírgenes insensatas de la parábola, las cuales no
prepararon sus lámparas con aceite y se quedaron fuera de las bodas. (Mateo
25:1-13). Queremos ser como las cinco vírgenes prudentes que tomaron sus
lámparas y las prepararon con suficiente aceite, y cuando llegó el esposo
entraron con él y disfrutaron de las bodas. Jesús termina esta parábola con un
consejo que debemos tomar para nosotros: “Velad, pues, porque no sabéis el día
ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”
ORACIÓN: Padre santo, te ruego me ayudes a vivir una vida que sea
agradable a ti en todos los aspectos. Pon en mi corazón un ferviente deseo de
buscarte día tras día, de adorarte, de obedecerte y de servirte. Que cuando tu
Hijo Jesucristo venga de nuevo, me encuentre totalmente preparado para ese
maravilloso encuentro. En el nombre de Jesús, Amén.
ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


