“Señor, roca
mía y castillo mío…” Salmo 18:2 (Leer: Salmo 18:30-36)
Se cuenta de un joven predicador llamado Augustus Toplady,
que estaba paseando por la campiña inglesa cuando, de repente, apareció una
tormenta. Toplady divisó una amplia formación rocosa con una grieta, donde se
refugió hasta que pasó el temporal. Mientras estaba sentado resguardándose del
diluvio, reflexionaba en la conexión entre su refugio y la ayuda de Dios
durante las tormentas de la vida.
No tenía papel donde escribir, pero encontró un naipe en
el suelo de la cueva y empezó a componer las palabras del amado himno «Roca
eterna».
Escrito durante aquel tormentoso día de 1775, este himno
ha sido, desde entonces, una fuente de fortaleza para los creyentes. Roca de la
eternidad, fuiste abierta para mí; Sé mi escondedero fiel, solo encuentro paz
en ti; Eres puro manantial, en el cual lavado fui.
Piensa en tus luchas.
¿Necesitas un lugar para refugiarte? ¿Te hace falta Alguien que te proteja de
los ataques de la vida? ¿Precisas
tener la certeza de que has sido perdonado? Tal como lo experimentó Toplady,
podemos hallar refugio y seguridad en Dios.
No enfrentes solo las tormentas de la vida. Busca el
amparo del Señor. Pídele que te proteja. Asegúrate de haber recibido su perdón.
Acércate a la Roca de la eternidad; es el lugar más seguro.
Señor, gracias por estar seguro en tus brazos.
Cuando tu mundo se desmorona, Dios es la roca donde
puedes permanecer firme.
(La Biblia en
un año: Génesis 33–35 — Mateo 10:21-42)
JAMES BANKS -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


