“Y sobre zafiros te fundaré.” Isaías 54:11
No sólo lo que
se ve de la Iglesia de Dios es hermoso y precioso. Los cimientos, por ejemplo,
no se ven y, mientras permanecen firmes, no es posible que puedan ser
valorados; sin embargo, en la obra de Jehová todo forma un bloque: nada es
despreciable, nada es insignificante. Los profundos cimientos de la obra de
gracia son como zafiros por su preciosidad; ninguna mente humana puede medir su
gloria. Nosotros edificamos sobre el pacto de gracia, que es más firme que el
diamante y tan durable como las joyas sobre las cuales los años pasan en vano.
Los cimientos de zafiro son eternos y el pacto también permanece para siempre.
Otro cimiento limpio e inmaculado, eterno y hermoso como el zafiro, es la
persona del Señor Jesucristo, que funde en uno el azul del profundo y
turbulento océano con el azul del dilatado firmamento. Una vez pudo nuestro
Señor ser comparado al rubí, cuando estuvo cubierto con su propia sangre, pero
ahora lo vemos radiante con el suave azul del amor, amor abundante, profundo,
eterno.
Nuestra esperanza eterna está fundada sobre la
justicia y la fidelidad de Dios, que es clara y transparente como el zafiro. No somos
salvos por compromiso, ni por una gracia que anule la justicia, ni por una ley
que suspenda sus funciones; no, nosotros desafiamos al ojo de águila que
descubra, si puede, siquiera, una grieta en el fundamento de nuestra confianza;
nuestro cimiento es de zafiro y resistirá el fuego. El Señor mismo ha colocado
el fundamento de la esperanza de su pueblo. Nosotros debiéramos inquirir seriamente
para ver si nuestra esperanza está cimentada sobre esa base. Las buenas obras y
las ceremonias no constituyen un fundamento de zafiro, sino de madera, heno y
hojarasca; además, ellas no fueron puestas por Dios, sino por nuestra propia
vanagloria. Dentro de poco, todos los fundamentos serán probados. ¡Pobre de
aquel cuya alta torre se derrumbe con estrépito por haberla cimentado en la
arena movediza! El que está fundado sobre zafiro, puede aguardar las tormentas
o el fuego con serenidad, porque él soportará la prueba.
CHARLES SPURGEON - (DEV. “LECTURAS VESPERTINAS”)


