“Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección;
mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor
resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto
prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a
filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de
cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno;
errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de
la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no
recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que
no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Hebreos 11:35-40
El capitulo 11 del libro de Hebreos es algo así como “el
Cuadro de Honor” de Dios. Nos muestra una relación de hombres y mujeres, de
todas las épocas pasadas, que se destacaron en la vida por su fe
inquebrantable. Sin embargo este pasaje del mismo capitulo 11, relata la suerte
que corrieron muchos de aquellos que confiaron en Dios. Dice que sufrieron todo
tipo de pruebas, fueron afligidos de muchas maneras diferentes y ni siquiera
tenían un lugar para habitar. Y a pesar de su buen testimonio, "no
recibieron lo prometido." No vivieron para ver la Venida del Mesías tan
largamente esperado. Pero al irse de este mundo disfrutaron del gozo eterno
prometido. Así escribió David: "Hay gran alegría en tu presencia; hay
dicha eterna junto a ti." (Salmo 16:11).
Una misionera llamada Patricia St. John, a quien se ha
descrito como “una mujer ordinaria con una fe extraordinaria”, dedicó su vida a
ministrar a personas en los lugares de mayor necesidad en nuestro planeta. Ella
estaba en Sudán cuando miles de refugiados de guerra inundaron ese país. Habían
sufrido horriblemente y lo habían perdido todo, incluyendo muchos de sus
familiares. Aquellos que eran cristianos, aún en esas condiciones daban gloria
a Dios. Patricia cuenta que una noche estaba de pie en una iglesita sudanesa
llena de gente, escuchando a aquellos creyentes que habían sido trasladados
allí cantar himnos llenos de gozo. “Hubiésemos cambiado sus circunstancias
–dijo– pero no a ellos.” De pronto, una profunda revelación impactó su corazón.
Patricia se dio cuenta de que Dios no siempre libra a sus hijos de la difícil
situación, sino que él mismo entra a
formar parte de esa situación; no los saca de la oscuridad, más bien se
convierte en luz en medio de ella; no los libra de las terribles
circunstancias, sino que se vuelve paz y consuelo en medio de ellas. En aquel
momento, en medio de la terrible tragedia, ella vio la gloria de Dios
manifestándose sobre aquellas personas.
Jesús dijo a sus discípulos: “En el mundo tendréis
aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). Esta es una
clara visión de lo que nos espera en el mundo: sufrimientos y aflicciones, pero
el Señor prometió que si confiábamos en él, nos ayudaría a vencer pues él ya
había vencido. Ciertamente no hay otro que haya sufrido de la manera que
Jesucristo sufrió, pero al final obtuvo la mayor victoria de la historia de la
humanidad: victoria sobre la muerte y sobre Satanás y todos sus demonios. De él
dijo el profeta Isaías: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de
dolores, experimentado en quebranto.” (Isaías 53:3). Y porque él experimentó
sufrimientos tan grandes, con su ayuda no existe una prueba en este mundo de la
cual no podamos salir airosos. Sólo tenemos que confiar en él.
Pero, ¿y si a pesar de tus fervientes oraciones, Dios no
considera apropiado librarte de esas terribles circunstancias? Si es así, con
toda seguridad él está preparando las condiciones para bendecirte mucho más de
lo que puedes imaginarte. Persevera en la oración, y obtendrás el triunfo en el
tiempo y en la forma que Dios ha diseñado especialmente para ti. La verdadera
oración siempre resulta en una de estas dos cosas: o te libra de la tribulación
en que te encuentras o te da las fuerzas para soportarla. Y una vez termine la
prueba, podrás disfrutar de una linda victoria. No olvides que “a los que aman
a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” (Romanos 8:28).
ORACIÓN: Padre santo, te ruego fortalezcas mi fe en medio de las
pruebas, para que yo sea capaz de esperar en ti, sabiendo que nunca me
abandonarás y que siempre me darás el triunfo. En el nombre de Jesús, Amen.
ENRIQUE SANZ - (DEVOCIONAL "DIOS TE HABLA")


