“… sean
humildes y mansos…” Efesios 4:2 - RVC (Leer: Efesios 4:1-6)
Los problemas de la vida pueden ponernos de mal humor,
pero nunca deberíamos excusar las explosiones de mala conducta, ya que podrían
descorazonar a quienes amamos y entristecer a los que nos rodean. Recién
habremos cumplido nuestro deber ante los demás cuando hayamos aprendido a ser
agradables.
El Nuevo Testamento tiene una palabra para la virtud que
corrige nuestra antipatía: mansedumbre, término que implica un ser amable y
bondadoso. Efesios 4:2 nos recuerda: «sean humildes y mansos».
La mansedumbre es aceptar las limitaciones y las
dolencias sin volcar nuestra irritación sobre los demás. Muestra gratitud ante los servicios más mínimos y tolerancia hacia
quienes hacen mal las cosas. Acepta a las personas molestas; en especial, a
los pequeños ruidosos e hiperactivos, ya que la bondad hacia los niños es lo
que más caracteriza a una persona buena y mansa. Es delicadeza ante la
provocación; y silencio o calma ante palabras desagradables.
Jesús es «manso y humilde de corazón» (Mateo 11:29). Si
se lo pedimos, Él nos transformará a su imagen. George MacDonald dice: «[Dios]
no escucharía de [nosotros] un tono que agite el corazón de otra persona, una
palabra que le duela […]. De este, como de todo otro pecado, Jesús nació para
liberarnos».
Señor, ayúdame a ser manso, amable y bondadoso.
Ser humildes ante Dios nos hará mansos para con los demás.
(La Biblia en
un año: Amós 7–9 — Apocalipsis 8:1-13)
DAVID H. ROPER -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


