“Que el justo me castigue y me reprenda será un
favor” Salmos 141:5
No puedes
excusar tu ignorancia si no estás dispuesto a aprender. Bien entendidas, todas
las experiencias de la vida son una escuela y toda nueva persona con la que
tratamos un profesor. Así que aprovecha cada oportunidad para aprender algo.
Cerciórate de que eliges a los mejores profesores: aquellos que se han ganado
el derecho de acompañarte, y también de cuestionarte, de impartirte perspectiva
y de guardarte en el buen camino. Comentó Salomón: “El consejo oportuno es
precioso, como manzanas de oro en canasta de plata. La crítica constructiva es,
para quien la escucha, como un pendiente u otras joyas de oro” (Proverbios
25:11-12 NTV).
Cuando Dios te
envíe a alguien para ayudarte:
1) Muestra aprecio y agradecimiento. Nunca
subestimes a nadie ni te olvides de dar las gracias. No tengas una actitud de
‘Yo no espero ningún reconocimiento, así que no lo voy a dar’, porque te va a
perjudicar y cerrarte puertas para el futuro.
2) Pon de tu parte. No seas
oportunista ni dejes que te sirvan. Haz que tu presencia sea algo positivo, no
una carga. La vida no te debe nada, excepto la oportunidad de crecer.
3) Respeta los límites. Tal vez
alguien conozca lo suficiente a otra persona para llamarla por el nombre de
pila, pero eso no significa que tú debas hacerlo también, sobre todo si se
trata de alguien que te va a tutelar. Si alguien te dice: ‘Hola, soy Tomás’, no
le respondas con ‘Hola, qué tal Tomy’. Sé respetuoso y no trates de cambiar el
protocolo para adaptarlo al ambiente al que estás acostumbrado. Observa los
límites, respeta a los demás, escucha; al hacerlo siempre habrá personas
dispuestas a ayudarte a llegar adonde necesitas.
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA
PARA HOY")


