“… Mi reino no
es de este mundo…” Juan 18:36 (Leer: Juan 18:10-14, 36-37)
Casi todos esperamos buenos gobiernos. Votamos,
trabajamos y hablamos por causas que consideramos justas. Sin embargo, las
soluciones políticas no tienen poder para cambiar nuestro corazón.
Muchos de los seguidores de Jesús esperaban la llegada de
un Mesías que enfrentaría con un enérgico poder político a Roma y su agobiante
opresión. Pedro no era la excepción. Cuando los soldados romanos fueron a
arrestar a Jesús, sacó su espada y le cortó la oreja al siervo del sumo
sacerdote.
Jesús lo detuvo, diciéndole: «Mete tu espada en la vaina;
la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?» (Juan 18:11). Horas
después, le diría a Pilato: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de
este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los
judíos» (v. 36).
Cuando
reflexionamos en el alcance de su misión, nos asombra el equilibrio de Jesús en
aquel momento, ya que, un día, Él
liderará a los ejércitos del cielo a la batalla. Juan escribió: «con justicia
juzga y pelea» (Apocalipsis 19:11).
No obstante, al enfrentar la experiencia terrible de su
arresto, juicio y crucifixión, Jesús aceptó la voluntad de su Padre y puso en
marcha una serie de eventos que transforman el corazón. Así, nuestro
Conquistador poderoso venció la muerte.
Señor, dame sabiduría para controlar mis reacciones.
El verdadero autocontrol no es debilidad, ya que surge de
una auténtica fortaleza.
(La Biblia en
un año: Hebreos1:8-14)
TIM GUSTAFSON -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


