Mientras Pedro
y Juan caminaban hacia el templo, se encontraron con un pordiosero que era cojo
de nacimiento. Probablemente, Pedro y Juan se habían encontrado antes con este
hombre muchas veces, pero en esta ocasión se detuvieron. Las personas alrededor
debieron haber escuchado a Pedro decirle al pordiosero: “Míranos… en el nombre de Jesucristo de
Nazaret, levántate y anda.” (Hechos 3:4, 6).
Pedro estaba
llamando al Señor para que actuara, poniendo en juego la mismísima gloria de
Dios. La muchedumbre debió de haber comentado entre ellos: “¡Qué predicador tan
tonto! Le está pidiendo a un hombre que ha estado lisiado toda su vida que se
ponga de pie y camine”. Yo creo que esas personas estaban listas para burlarse
de Pedro y Juan, y ponerlos en ridículo.
SALTANDO Y
ALABANDO A DIOS.
Entonces el
cojo sintió una sensación extraña que comenzaba por sus pies. Primero, movió su
tobillo. Luego, la sensación subió a sus piernas y muslos. Se alzó para
apoyarse en una camilla y lentamente se levantó y se puso de pie. Para asombro
de la multitud, el hombre comenzó a saltar y a alabar a Dios.
Yo te pregunto:
“¿Qué hubiera pasado si Dios no hubiese intervenido?” Eso nunca fue una
preocupación para Pedro, el cual comprometió alegremente a su Dios para que lo
hiciera. ¡El Señor nunca avergonzará a los que confían en Él!
Hoy, también somos llamados a poner en juego el
honor, la gloria, y la reputación de Dios.
LOS PLANES DE
DIOS SOBREVIVEN.
Piensa en los
episodios bíblicos que leemos en Hechos. En cada uno, todo aquello por lo que
Cristo vino a la tierra y aquello por lo que murió, estaba en juego. Sin
embargo, a través de todo el Antiguo y el Nuevo Testamento, el plan, el
propósito y el pueblo de Dios, sobrevivieron. Y en cada caso, Dios no solamente
llamó a Sus hijos a confiar en Él, sino a creer que Él hará milagros.
Dime,
¿demandaría el Señor menos que eso de nuestra generación?
DAVID WILKERSON - (DEVOCIONAL DIARIO “ORACIONES”)


