“… buena cosa
es afirmar el corazón con la gracia…”
Hebreos 13:9 (Leer: 1ª Timoteo
4:6-11)
El mes pasado, el gimnasio del vecindario donde hice
ejercicios físicos durante años cerró, y tuve que inscribirme en otro. El
anterior era un lugar cálido y amigable, frecuentado por personas a quienes les
gustaba interactuar socialmente mientras hacían ejercicio. Casi nunca
sudábamos… En cambio, el nuevo es un establecimiento estricto, lleno de hombres
y mujeres que están seriamente dedicados a desarrollar cuerpos musculosos.
Cuando miro a estas personas que se esfuerzan tanto, las veo fornidas, pero me
pregunto si la gracia está fortaleciendo sus corazones.
El corazón es un músculo; el que mantiene funcionando
todos los otros. Es bueno ejercitar y tonificar todos los músculos, pero lo
esencial es hacer todo lo necesario para mantener fuerte el corazón.
Lo mismo se aplica al corazón espiritual. Lo fortalecemos
y tonificamos con la Palabra de verdad, recibiendo
su mensaje de la bondad y la gracia de Dios. Mantenerlo fuerte y en forma
debe ser nuestra mayor prioridad.
Pablo estaba de acuerdo con esto, ya que afirmó:
«Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es
provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida
presente, y de la venidera» (1ª Timoteo 4:7-8).
Señor, ayúdame a fortalecerme diariamente por medio del
Espíritu.
El propósito del entrenamiento divino es fortalecer
nuestra fe.
(La Biblia en
un año: Hechos 14:1-28)
DAVE BRANON - (Devocional “NUESTRO PAN DIARIO")


