“Del señor, tu Dios, son los cielos... la tierra y
todas las cosas que hay en ella.”
Deuteronomio 10:14
En el tema del
dinero, nos gusta pensar ‘Me lo he ganado yo, así que es mío’. ¡Pues te
equivocas! La Biblia dice: “Tuya es, oh Señor, la magnificencia y el poder, la
gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos
y en la tierra son tuyas...” (1 Crónicas 29:11) y “Mía es la plata y mío es el
oro, dice el Señor...” (Hageo 2:8). Las riquezas son como el dinero del juego
del Monopoly; si eres mejor que tus competidores, acabarás con los títulos de
propiedad de las viviendas más caras. ¿Pero sabes una cosa? Al final de la
partida todos los participantes se levantan de la mesa y el dinero vuelve a la
caja. Y si has sido demasiado agresivo, no les caerás bien a los otros
jugadores.
He aquí unos
versículos bíblicos aleccionadores: “Tú
no te fijes en los que se hacen ricos y llenan su casa con lujos, pues cuando
se mueran no van a llevarse nada. Mientras estén con vida, tal vez se
sientan contentos y haya quien los felicite por tener tanto dinero; pero al fin
de cuentas no volverán a ver la luz; morirán como murieron sus padres. Puede
alguien ser muy rico, y jamás imaginarse que al fin le espera la muerte como a
cualquier animal” (Salmos 49:16-20 TLA). Dios es dueño de todo y nos da de su
riqueza con dos fines:
1) para disfrutarlo.
2) para invertirlo en cumplir Sus
propósitos en la tierra.
Cuando vivimos
con esa actitud, el temor da paso a la fe en Dios.
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA PARA
HOY")


