“… Dije:
Confesaré mis transgresiones al Señor…” Salmo
32:5 Leer: Salmo 32:1-11
Julia estaba sentada en el patio de su casa reflexionando
sobre una pregunta que la preocupaba: ¿debía escribir un libro? Le había
encantado escribir en un blog y hablar en público, pero sentía que Dios le
pedía algo más. «Le pregunté al Señor si quería que lo hiciera», comentó.
Empezó a preguntarse si Dios quería que escribiera sobre
la adicción a la pornografía que padecía su esposo y de cómo estaba obrando el
Señor en su vida y en su matrimonio, pero, después, pensó que podría ofenderlo
públicamente. Entonces, oró: «¿Y si lo escribimos juntos?». Le preguntó a su
marido y él estuvo de acuerdo.
Aunque no reveló cuál era su pecado, el rey David
manifestó públicamente sus luchas. Incluso las expresó en una canción:
«Mientras callé, se envejecieron mis huesos», y agregó: «Confesaré mis
transgresiones al Señor» (Salmo 32:3, 5). No todos tienen que hacer públicas
sus batallas privadas, pero, cuando
David confesó su pecado, encontró paz y sanidad que lo inspiraron a adorar a
Dios.
Julia y su esposo dicen que el proceso de escribir su
historia tan personal los ha acercado más que nunca. ¡Qué parecido a Dios,
quien nos ama al punto de sustituir nuestra culpa, vergüenza y alejamiento por
su perdón, ánimo y comunión!
¿Necesitas intercambiar tu culpa por el perdón de Dios?
Él está escuchando.
Dios perdona a quienes se confiesan culpables.
(La Biblia en
un año: Salmos 31-32 – Hechos 23:16-35)
TIM GUSTAFSON - (Devocional “NUESTRO PAN DIARIO")


