"De aquel día en adelante Saúl miró a David con
recelo" 1 Samuel 18:9
La persona de
temperamento irascible:
1) Crea una barrera entre ella y sus seres queridos. Esaú tuvo tanto
resentimiento contra su hermano, que quiso matarlo. Cuando su madre Rebeca se
enteró, le pidió a Jacob que huyera y se fuera a vivir a Harán (Génesis
27:41-43). La familia quedó así dividida y todos sufrieron. Los iracundos
intimidan a los demás y les roban la paz interior. Los psicólogos afirman que
la ira es una de las principales causas de divorcio, del abuso infantil y de
las adicciones. ¡Qué precio tan alto a pagar!
2) Entorpece el flujo de una vida agradable a Dios. "... [Sean]
lentos para enojarse. El enojo humano no produce la rectitud que Dios
desea" (Santiago 1:19-20 NTV). Tu ira no sólo te incumbe a ti; también le
incumbe a Dios porque obstaculiza tu capacidad de vivir la vida que Él quiso
darte. No podrás estar a bien con Dios hasta que no lo estés con los demás.
3) Te ciega a la realidad. Si miras las cosas a través del
cristal de la ira y el enojo, sólo verás lo que eliges ver, y hará que tu forma
de solucionar las cosas contemple la retribución y la venganza. El rey Saúl vio
a David como una amenaza, alguien que planeaba usurpar su trono y su reino. Por
ello "de aquel día en adelante miró a David con recelo" (1 Samuel
18:9 LBLA). Su enojo le hizo ver a David como alguien que merecía morir por ser
el elegido de Dios para sucederlo como el siguiente rey de Israel.
Lamentablemente, esa ira le cegó y le impidió ver que David era, de hecho, su
mejor amigo. No dejes que eso mismo te ocurra a ti.
BOB Y DEBBIE GASS - (Devocional "LA PALABRA PARA
HOY")


