“Airaos, pero no pequéis.” Efesios 4:26
Pudiera
sorprenderse de que hay tal cosa como el justo enojo, es decir, enojarse por lo
que aflige a Dios y estorba sus principios. Pero no debemos enojarnos tanto que
cometamos pecado.
No se enoje
por sus propios principios. No se enoje cuando alguien lo ofenda. Y no permita
que su enojo degenere en resentimiento, amargura o malhumor. Eso está
prohibido. El único enojo justificable
defiende el grande, glorioso y santo carácter de nuestro Dios.
El enojo
egoísta, apasionado, indisciplinado y sin dominio es pecaminoso, inútil y
dañino. Debe desterrarse de la vida cristiana. Pero el enojo disciplinado que
busca la justicia de Dios es puro, desinteresado y dinámico. Debemos enojarnos
por el pecado en el mundo y en la iglesia. Pero no podemos dejar que el enojo
se convierta en pecado.
JOHN MACARTHUR
- (Devocional "LA VERDAD PARA HOY”)


