“Porque el Hijo
del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lucas 19:10
(Leer: Lucas 19:1-10)
Hace unos años, una amiga mía perdió a su hijito en la
Estación Union de Chicago. No hace falta decir que fue una experiencia
aterradora. Lo llamaba con desesperación, mientras regresaba a la escalera
mecánica, volviendo sobre sus pasos en un esfuerzo por recuperar a su niño. Los
minutos de separación parecieron horas, hasta que, de repente —y gracias a
Dios—, su hijo apareció entre la multitud y corrió hacia sus brazos en busca de
seguridad.
Pensar en mi amiga, quien habría hecho cualquier cosa con
tal de encontrar a su hijo, renueva mi sentimiento de gratitud por la asombrosa
obra de Dios para salvarnos. Desde que Adán y Eva cayeron en pecado, Él lamentó
haber perdido la comunión con su pueblo. Por
eso, recorrió un largo camino para restaurar esa comunión, enviando a su único
Hijo «a buscar y a salvar lo que se
había perdido» (Lucas 19:10). Sin el nacimiento de Jesús y su disposición a
morir para pagar el precio por nuestro pecado y acercarnos a Dios, no
tendríamos nada que celebrar en Navidad.
Por eso, en esta Navidad, demos gracias porque Dios tomó
medidas extremas al enviar a Jesús para recomponer nuestra comunión con Él.
Aunque estábamos pedidos, ¡gracias a Jesús, fuimos hallados!
Señor, que esta Navidad recordemos su verdadero
significado: tu amor manifestado en Jesús.
La Navidad se trata de la medida extrema que tomó Dios
para rescatarnos.
(La Biblia en un
año: Jonás 1–4 — Apocalipsis 10:1-11)
JOE STOWELL -
(DEVOCIONAL “NUESTRO PAN DIARIO")


