“Serán completamente saciados de la grosura de tu
casa” Salmo 36:8
La reina de
Saba se sorprendió de la suntuosidad de la mesa de Salomón. Se quedó enajenada
al ver la provisión para un solo día y se maravilló igualmente de la cantidad
de siervos que comían de la mesa real. Pero, ¿qué es esto en relación con la
hospitalidad del Dios de la gracia? Diez millares de miles de su pueblo son
alimentados diariamente. Hambrientos y sedientos van al banquete con mucho
apetito, pero ninguno sale insatisfecho; pues hay suficiente para cada uno,
para todos y para siempre. Aunque la multitud que se alimenta en la mesa de
Jehová es incontable como las estrellas del cielo, sin embargo cada uno tiene
su porción de comida. Piensa cuánta gracia un santo necesita, tanta que
ninguno, excepto el Infinito, podría suplir siquiera por un día. Pero el Señor
extiende su mesa no para uno, sino para muchos; no por día, sino por muchos
años; y no sólo por muchos años, sino por generación y generación.
Observa el rico festín del cual habla el texto; los
huéspedes en el banquete de la misericordia quedan satisfechos; más aún,
“abun-dantemente satisfechos”, y no con comida común, sino con grosura de la
casa de Dios; y ese banquete es garantizado a todos los hijos de los hombres
que pongan su confianza bajo las sombras de las alas de Jehová. Pensaba una vez
que si pudiese conseguir una reducida vianda en la puerta trasera de la gracia
de Dios, me daría por satisfecho, como la mujer que dijo: “Los perrillos comen
las migajas que caen de la mesa de sus señores”. Pero hallé que ningún hijo de
Dios fue jamás servido con migajas y sobras. Como Mefi-boset, todos ellos
comieron de la mesa del rey. En cuanto a la gracia, todos tenemos la ración de
Benjamín; tenemos diez veces más de lo que podíamos esperar; y aunque nuestras
necesidades son grandes, frecuentemente nos admiramos de la maravillosa
abundancia de gracia que Dios nos da experimentalmente para gozar.
CHARLES SPURGEON - (DEV. “LECTURAS VESPERTINAS”)


