“Predica la palabra ... corrige, reprende y
anima...” (2ª Timoteo 4:2 NVI)
Vamos a
considerar otros principios sobre cómo podemos ayudar al pastor a ser más
eficiente:
1) Entiende
que su responsabilidad es la de instruirte, no la de entretenerte. Cuando
le escribió a Timoteo, Pablo le dijo: “Predica la Palabra ... corrige, reprende
y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar” (2ª Timoteo 4:2 NVI). Nos
gusta que nos animen, pero debemos aprender a aceptar la corrección y la
reprensión, pues “El Señor disciplina a los que ama” (Hebreos 12:6 NVI). Tu
pastor es el instrumento que Dios usa para tu crecimiento espiritual, no para
entretenerte. Cuando no te gusta la predicación, quizás sea porque “te está
tocando ahí donde más te duele”. En vez de estar molesto con el mensajero,
examina el mensaje a la luz de la Palabra de Dios. Imita a los cristianos de
Berea, quienes “...recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días
examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba”
(Hechos 17:11 NVI).
2) Habla
con (y no de) tu pastor. Si tienes un problema, tienes la obligación
bíblica de hablarlo primero con Dios, luego personalmente con tu pastor,
siempre con amor y gracia (ver Mateo 18:15 y Efesios 4:15). Recuerda que tanto
tú como él estáis cortados por el mismo patrón, así que también puede olvidarse
de las cosas, tener días malos, cometer errores y a veces ser insensible, pero
un buen pastor recibirá la verdad cuando se le habla con amor. Considerará tus
comentarios, reconocerá cuando se ha equivocado y agradecerá las oportunidades
de superarse. Por otro lado, hablar mal de tu pastor crea conflictos en la
iglesia pues ocurre lo mismo que con la levadura, que “hace fermentar toda la
masa” (1ª Corintios 5:6 NVI). En resumen: “¡No [toques] a mis ungidos!” (1
Crónicas 16:22 NVI) hablando de ellos a sus espaladas o dando credibilidad a
quienes lo hagan.
BOB Y DEBBIE GASS - (DEVOCIONAL "LA PALABRA
PARA HOY")


